Me han seleccionado de nuevo para Calabazas en el Trastero, :D :D :D el tema de la convocatoria era empresas, un tema que a priori me pareció complicado, al principio estuve pensando en hacer algo de tipo histórico, pero lasideas que tenía no me convencía,. No iba a participar cuando se me ocurrió una idea, o quizás sea mejor decir que fue un personaje, porque es un relato muy centrado en la protagonista. Y escribí una historia intimista y dramática, en la que no intentaba jugar con el terror, sino con la percepción. A los amigos que lo han leído no ha terminado de gustarles el final, sin resolver, demasiado ambiguo... pero es que esa era mi intención, que el lector no sepa diferenciar la realidad de la fantasía al final de la historia.
Os dejo con la nota de prensa de la selección:
Ascenso (Carlos Pérez Jara)
Baja voluntaria (José M. Pérez)
Cosas innecesarias (Gema del Prado Marugán)
Departamento de calidad (Borja F. Caamaño)
El alma de la empresa (Juan José Hidalgo Díaz)
El cebo (Javier Fernández Bilbao)
El cliente la pide fría (Tony Jiménez)
Epitafio anónimo (Pedro Moscatel) La oficina (Raelana Dsagan)
Opa hostil (David Marugán)
Saco de sueños (Juan Ángel Laguna Edroso)
Se me caen los botones (Daniel P. Espinosa)
Suplemento dominical (Beatriz García Sánchez)
¡¡Estoy feliz!! Después de una mala racha, parece que las cosas mejoran y he ganado en el concurso de pasadizo con un relato que además es muy especial para mí.
Os cuento cotilleos, yo empecé a escribir un relato para este concurso, muy motivada. El problema es que veía que me estaba quedando largo, me decía "bueno, cuando lo pase a ordenador será menos" ¡y una leche! Me pasé por el doble de páginas y además viendo que allí no solo no había de donde recortar, sino que la historia me pedía más. El tiempo se me echaba encima, no podía escribir otra historia. Miré entonces mis relatos antiguos y no tenía nada decente con lo que participar... pero sí tenía algo. Un intento de novela que se me quedó a medias, hace muchos años, la había estructurado a base de relatos cortos y escogí el que me pareció que podía funcionar mejor de forma independiente. Le di un buen lavado de cara, un amigo me ayudó a corregirlo y me sugirió el título (¡gracias, Easton!), que iba perfecto con la historia y lo envié.
Tenía mis dudas, quizás la historia no se entendiera bien de forma independiente, el mundo fantástico en el que se ambienta se dejaba ver, pero no se explica. ¿Se perdería el jurado? Los personajes iban descubriendose a lo largo de varios relatos, mis intenciones eran que, cuando llegaran a este, el lector ya los conociera. ¿Estarían bien definidos aquí? En fin, que para comerme la cabeza tampoco necesito mucho y bueno, tenía muchas dudas con esa novela, la dejé aparacada porque me parecía sosa y aburrida y ver que al menos una parte de ella ha gustado me ha subido en una nube, porque es quizás el mundo que he intentado crear que más he desarrollado y quiero pensar que eso se ha visto en el relato.
Y también me alegra mucho porque siempre tengo suerte con los relatos de cifi o terror, pero los de fantasía parece que nunca terminan de gustar en lo concursos ¡Y este tiene dragones! :D
Os dejo la nota con el fallo del concurso:
El jurado del concurso de relatos Pasadizo 2012 ha
acordado premiar a los tres relatos concurrentes que han logrado el
mayor consenso entre todos los integrantes del mismo, y que son:
Manuel Aguilar
Luis Alboreca
Carlos Díaz Maroto
Ana Morán Infiesta
Miguel Valle García
Antes
que nada, referir que la participación ha sido de alrededor de 130
relatos, considerando únicamente aquellos que se han ajustado a las
reglas del concurso publicadas. Cerca de una treintena, o así, ha debido
ser rechazada por no ajustarse a las mismas. Agradecemos el alto grado
de participación, así como la variedad de procedencias de los relatos.
Así pues, los premios, consistentes en un lote de libros por cortesía de Calamar Ediciones, y que en concreto son Terror cinema, Superhéroes, Ray Harryhausen y La espada mágica, valorado en 120 euros, pasan a manos de:
“El señor de las moscas”, de Luis Guallar Luján
“Soy leyenda”, de Carmen del Pino
“La niebla”, de Juan Miguel Gutiérrez de la Solana Sánchez
A
los tres, enhorabuena. En breves días publicaremos los tres excelentes
relatos. Y a todos los demás, gracias por vuestra participación, y os
esperamos a todos para la próxima convocatoria.
En esta ocasión hablo de "Veinte años después" la continuación de "Los
tres mosqueteros", de Alejandro Dumas, aunque es un libro que se puede leer de forma
independiente. Ya he comentado más de una vez que su predecesor es uno de mis libros de cabecera, la continuación también me encanta, no la he leído tantas veces, pero es un libro con el que me pasa lo mismo que con "Los tres mosqueteros" que descubro cosas nuevas cada vez que lo leo.
Estoy participando en las Microjustas de OcioZero y estos han sido mis dos primeros microrrelatos:
Este es el primero, que respondía al tema "Carretera"
Isla desierta
Los coches pasan a su alrededor, tan rápidos que no llega a
distinguirlos. Levanta un pie. Duda. No se decide a cruzar la carretera.
Espera. Ninguno se detiene. La mediana es una línea de hormigón que
parece no terminar nunca. Y sigue caminando, bajo el sol abrasador.
Boccioni Los que se quedan
Y el segundo, que respondía al tema "Fin"
Juego de niños
Rubén camina sobre la cornisa. Ganará la apuesta, está convencido.
Intenta no mirar abajo. El suelo está tan lejos, tan lejos, tan lejos,
tan...
¿Algunos de tus personajes tiene mascotas? Háblanos de ellas (Do any of your characters have pets? Tell us about them.)
¡¡Mopo!! Aunque no es exactamente una mascota... y tampoco es realmente mío, que lo creó Ana... pero ha sido lo primero que he pensado cuando he visto la pregunta. xDDDDD Pero va, no vale que no es mío.
Creo que lo normal es que mis personajes no tengan mascotas, estoy pensando y no recuerdo ninguna. ¿La tortuga del infierno sería una mascota? Una vez uno de mis personajes tenía una mula, en una historia de fantasía. Era necesario que hubiera una mula, porque el personaje viajaba sobre ella y el resto iba a pie, era una forma de remarcar el estatus del personaje, recuerdo que también hay una mula en el relato del oeste que escribí, allí también era necesaria para el viaje y aparte remarcaba algunas cosas del personaje.
También tengo dragones en algunos relatos, aunque no son exactamente mascotas, son personajes con entidad propia, pero es que lo pienso y ni siquiera mis magos tienen familiares. Una mascota... creo que una mascota es un personaje más, un personaje que necesita su espacio y su función y en mis historias muchas veces no la tiene. Creo que se pueden usar para caracterizar personajes, pero no es algo que yo haya usado mucho, también creo que pueden servir como catalizadores de la trama, pero tampoco los he usado en ese sentido, o muy raramente.
El otro día leí un artículo de Santiago Eximeno en su blog, Umbría, también vi un video que anda rulando por FB y hoy ha sido un comentario de Alejandro Castroguer, en su muro de FB. Me llegan comentarios de amigos que publican, de los problemas que tienen, la ilusión que tenía por publicar se va diluyendo poco a poco, hasta que llega un momento en que esa ilusión desaparece. No es algo que haya pasado de un día para otro, llevo meses así, planteandome muchas cosas.
¿Publicar para qué? ¿Qué sentido tiene? Yo tenía sueños, cuando era jovencita, sueños que poco a poco se han ido rompiendo, y tenía ilusiones que, a día de hoy, veo muy difícil recuperar. Comentándolo con un amigo hace poco, me dijo que es la fustración de no poder dar un paso más y que eso nos pasa a todos. Espero que no, que solo nos pase a unos pocos, porque es triste ver cómo tus ilusiones se pierden y sin ilusión es muy difícil luchar.
¿Quién soy yo? Soy una aficionada que se cree con calidad suficiente para ser profesional. He conseguido participar en unas cuantas antologías grupales y he quedado finalista (porque nunca he ganado nada) en algunos concursos. Como yo, hay miles de escritores. No soy especial, ni mejor que ellos, nada me distingue, el público no sabe que existo.
Antes de continuar, este no es un post de lloriqueo, es un post de ser consciente de lo que hay y de mis posibilidades, no llego a escupir rabia como mi amigo Javi Durán, no es mi estilo, pero aunque sea de forma más calmada quiero contar lo que pienso. Ahora mismo sé que la ilusión está perdida, y que no tengo claro lo que quiero, pero sí que empiezo a tener claro, al menos, lo que no quiero.
Mis ilusiones eran entrar en una librería y ver un libro mío en alguna de las estanterías. Eso es algo a lo que no puedo aspirar. Puedo publicar como lo estoy haciendo, en editoriales pequeñas, sin distribución, sin publicidad, que venden a través a través de internet y organizando presentaciones a las que van los amigos y familiares y te compran el libro por compromiso. Y lo entiendo, son editoriales que apuestan por desconocidos y que no pueden hacer más, no tienen capacidad para entrar en los canales de distribución ni pueden dedicar muchos recursos a la publicidad. Dices: no es mi sueño, pero al menos es algo. Lo consideras un primer paso y piensas que después vendrán más, pero con cada paso que das, contra más conoces el mundo editorial, todo resulta más frustrantre.
Entonces, una editorial pequeña no me permite publicar como me gustaría, hay quien habla de que te dan un trato más personalizado, que cuidan más a sus autores... no lo pongo en duda, del poco trato que he tenido con editoriales la verdad es que no me puedo quejar, pero sería engañarme decir que me conformo con eso. Quiero ese trato, por supuesto, pero en una editorial grande, con medios para hacer llegar mi libro a todo el mundo. Por lo que he oído, una editorial grande no te da eso. No tengo información de primera mano, pero sí comentarios de muchos amigos que han publicado y han tenido problemas. Ahora mismo tengo una novela encima de la mesa, quiero enviarla a editoriales, me han pasado direcciones... y no lo hago. Me lo pienso. Me entra pereza. No me apetece. No tengo esperanzas de que me hagan caso y, si lo hicieran, lo más probable es que solo llegue a ser un tapahuecos y nada más. Por un lado quiero intentarlo, que no se diga que no lo he hecho, por otro lado creo que no merece la pena.
Aparte de las editoriales tradicionales, tenemos también Amazon, que ha surgido como si fuera un oasis en medio del desierto, pero yo me pregunto si realmente lo es. Una plataforma en la que tú tienes que hacerlo todo y se lleva el 70% de las ganancias. Por no hacer nada. Y pienso que si lo que voy a ganar allí son 30 céntimos por libro, y que si los que lo van a comprar van a ser un 95% amigos míos, porque es la publicidad que puedo hacer. ¿Por qué no darlo gratis? O montar un blog y permitir allí la descarga por esos 30 céntimos. ¿Por qué mis amigos tienen que pagar a una empresa por no hacer nada? Intento verle la gracia a esto de Amazon, pero es que no la veo por ningún sitio.
Odio la promoción. Supongo que es porque me he pasado la vida detrás de un mostrador y es algo que nunca me ha gustado. Quiero que la gente se me acerque porque le interesa lo que hago, no a fuerza de insistirle e insistirle y que lo hagan para que deje de darles la lata. Eso es un imposible. Si quieres que tu libro llegue a la gente, sea cual sea la forma en la que publiques, lo tienes que promocionar tú mismo. Y no hay otra forma que empezar a dar la lata por las redes sociales. Las redes sociales se ven como una buena forma de promoción... lo es hasta cierto punto, cuando te empieza a agregar gente a la que no conoces de nada para que compres su libro... ahí al menos conmigo no funciona. "Te agrego porque quiero que mi publicidad te llegue, no porque me interese en absoluto las chorradas que cuelgues tú". Sí, es así, sobre todo cuando te mueves mucho entre escritores, pero también lo he visto con otro tipo de empresas. La sobresaturación me cansa. Una vez que sé que existe un libro, por muchos anuncios que vea si no voy a comprarlo no lo voy a hacer. Y no me gusta publicitarme, aunque a veces lo hago. Es curioso que con cosas mías simplemente lo digo una vez y no insisto ni doy la lata y con algunos libros de mis amigos, libros que he leído y que me han gustado mucho, sí los he publicitado más y seguro que me he puesto pesada. No sé por qué es así, quizás me resulta más incómodo publicitar algo mío. De todas formas, aquí la pregunta clave es ¿merece la pena pasar más tiempo promocionando que escribiendo? Porque al final es lo que tienes que hacer si quieres que tu libro se conozca. Y da igual con qué editorial publiques, si es grande o pequeña o si es autopublicación. La promoción la tienes que hacer tú.
No hay lectores. Son como una especie en extinción, alguna vez encuentras a uno y se ve como una cosa rara. Quizás es por el ambiente en el que me muevo. Los foros de literatura son foros de escritores. Recuerdo la primera vez que entré en uno de ellos, hace ya muchos años. Yo venía del mundo del fanfic, que también tiene sus cosas, pero al menos el que te lee lo hace porque le apetece. En los foros de literatura no es así, se lee por corresponder. Recuerdo que yo llegué, colgé un relato y nadie lo comentaba, pasaban días y días y mi relato se hundía en las profundidades del foro. Pensé que era tan malo que a la gente le daba cosa decirmelo. Y un día pregunté. Porque siempre es preferible una mala crítica a la indiferencia. Me respondieron que comentara a los demás, y así ellos me comentarían a mí. Así son las cosas, no hay interés por leer a los demás, solo nos devolvemos favores. Ha sido lo mismo en todos los foros, ya sé qué tengo que entrar, leer a todo el mundo y luego colgar lo mío y así, tal vez, la mitad de los que yo he comentado me comentan a mí.
Te dices que al menos compartes lo que haces, que conoces gente, que intercambias opiniones. Es importante tener respuesta, es lo que te apoya cuando estás de bajón, lo que muchas veces te anima a seguir adelante y no rendirte. Pero tengo claro que toda la gente que he conocido en los foros son amigos, pero no lectores. Muchas veces se confunde, te crees que un amigo tiene la obligación de leerte, que la amistad lo obliga a ello. No es así. Yo soy lectora, me gusta leer y leo a muchos de mis amigos. Tengo algunos que me encanta como escriben y cada vez que sacan algo me lo leo. Con otros depende de mi estado de ánimo, o me apetece o no me apetece. Y luego hay otros que aprecio mucho pero que no me gusta como escriben. Antes, al principio, creía que era importarle leerlos, que eso les animaba y les hacía felices. Ahora creo que no es bueno. Yo no quiero que nadie me lea por compromiso ni para que me sienta bien, quiero que me lean porque les apetece y creo que es la actitud que debo tomar con los demás. Hace ya bastante tiempo que sigo esto y leo cuando me apetece, solo leo por compromiso en concursos y antologías, y esto último me lo estoy empezando a pensar también.
Un amigo me dijo hace poco que el mundillo literario en el que nos movemos es muy cerrado, y que eso nos perjudica. Creo que tiene razón, que hay como una carrera por publicar, que las conversaciones se centran en eso, da igual lo que escribas, de eso no se habla, no se comentan las cosas que vas experimentando en la creación, no se comparte el proceso de escribir, sólo se comparte la publicación. A veces oigo hablar de grupo literario, de generación, etc. no somos un grupo, no compartimos literatura. Nos ayudamos para publicar, nada más.
Y a todo esto, he hecho muy buenos amigos en el mundillo literario y hay gente a la que aprecio mucho, moverme en este círculo me ha dado eso, gente con la que compartir una afición. Solo que quizás pueda compartir afición con ellos, puedo tener amistad, pero no puedo compartir trabajo porque nuestras expetactivas son distintas. Porque ellos todavía tienen ilusión y yo ya no la tengo. Porque hay ciertas cosas que no quiero hacer (y no hablo de nada raro, hablo de tonterías como promocionarme).
Una de las primeras antologías en la que me ofrecieron participar la montaba un grupo de amigos. Acepté porque quería publicar con ellos. Es una gran antología, creo en ella, me parece la mejor de todas las que he participado. Llevamos más de dos años con ella, intentando moverla, superando muchos problemas, trabajando mucho y desilusionandome al ver la actitud de algunos de mis compañeros. Y me digo, si no vamos a publicar como queríamos al principio, si no tenemos opciones a eso. ¿Por qué no sacar una antología gratuita? Que se la descarguen nuestros amigos, yo le haría toda la promoción que pudiera, lucharía por ella, si lo hacen los demás, porque es un trabajo hecho por amistad, más por estar en un libro con ellos que por ganar dinero con él. Pero ellos quieren verse en papel. Es lo que les ilusiona. Y a mí no. Yo no quiero que nadie pague 15 euros por un relato mío que van a comprarse por compromiso. Simplemente no quiero. Es... quizás no tendría ni que haber mencionado nada de esto, pero ha sido la puntilla que necesitaba, la gota que ha colmado un vaso, porque yo estaba hundida y necesitaba que ellos me levantaran, que me hicieran recordar por qué estabamos allí y por qué nos importaba el trabajo en común. Para mí esa antología significaba mucho más que una línea en el curriculum.
En fin, que yo no quería lloriquear hoy y al final he caído. Lo siento.
Dejo ya de dar la vara. No sé qué voy a hacer. Me digo que tiene que haber otros caminos, que simplemente hay que encontrarlos y abrirlos. O tal vez no los hay. No puedo cambiar el mundo para que sea como me gustaría y tampoco quiero adaptarme a como es.
24. ¿Qué
tan dispuestos estas tú a matar un personaje si la trama lo demanda?
¿Cual ha sido la forma más interesantes que has usado para matar a un
personaje? (How willing are you to kill your characters if the plot so demands it? What's the most interesting way you've killed someone?)
Ya contesté a esta pregunta hace tiempo, en este otro artículo. Matando personajes He matado a algunos más desde entonces, aunque en general mi respuesta no ha cambiado. Un personaje que está destinado a morir, muere. A veces te preguntas si estás tomando la decisión correcta, si a ese personaje no le puedes sacar más partido dejándolo vivo... pero la historia es la que es, y la muerte tiene mucho peso, evitarla hace cambiar por completo la historia que estoy contando. Por eso, los personajes destinados a morir siempre han terminado muertos.
En el anterior artículo hablo de un personaje destinado a morir dos veces en dos historias distintas. Es curioso porque quizás ese personaje es, en cierto modo, un alter ego; si hay personajes que son como me gustaría ser, otros reflejan mejor cómo soy realmente y terminan siendo los que mato. Me ha pasado también en otra novela, una muerte que en realidad no tenía sentido en la trama, y quiero reescribir esa novela y quitar ese personaje justo porque he puesto demasiado de mí en él. Es como si quisiera que no me veáis y, cuando noto que estoy dando demasiado, castigo al personaje por ello.
Hay muertes reales en mis relatos que no se ven. En El Pianista y Carretera a París. No están ambientados en Francia por casualidad, no es casual que uno de los personajes termine viajando hacia París mientras el otro se queda atrás. No es casual que el que sigue ese camino sea el monstruo y que el que se queda sea apocado y cobarde. La cuestión es que no es algo que fuera consciente, me di cuenta después. Hay cosas que se cuelan en lo que escribes aunque no quieras.
En la última novela que he escrito, me costó mucho matar a un personaje. Hasta el último momento dudé, deseaba dejarlo con vida, pero me habría cargado la mitad de la trama y no era plan xDDDDD esa muerte sí que me ha costado, habría preferido mata a cualquier otro de los que sobreviven.
En cuanto a las formas más interesantes de matar un personaje, pues es que si lo comento estoy haciendo spoliers, pero una de las más bonita que creo haber narrado es en El orbe de los dragones, donde uno de los personajes muere durante un hechizo, dejando parte de su esencia en el conjuro, pero sin estar realmente ahí. Es como decir que nuestras obras nos sobreviven, y son parte de nosotros, pero no estamos realmente ahí.