No es casualidad que este blog y yo cumplamos años el mismo día, en cierto modo es producto de la depre cumpleañera que padezco todos los años. Llevaba tiempo pensando en abrirlo, porque en aquella época yo colgaba mis relatos en webs y blogs y, de pronto, vi como cerraron dos de ellos casi al mismo tiempo y todo lo que tenía colgado en ellos desapareció, como si nunca hubiera existido.
El nombre del blog hace referencia a eso, es una frase del libro "El, mar, el mar" de Iris Murdoch, que dice: "lo que escribí antes lo escribí en agua, esto es para que permanezca" y esa era la idea. Buscar la seguridad de que tus palabras van a permanecer, que nadie puede borrarlas. No es algo de lo que se tenga total seguridad, claro está, que este espacio es de blogger y el día que diga de cerrarlo me lo cierra y todo a la porra, pero sí que te da una cierta confianza. Es mi rinconcito, desordenado, descuidado y violeta.
Son cuatro años ya y parece que no ha cambiado. Sigo teniendo la misma plantilla simple, los mismos colores y la misma imagen de portada. A veces he pensando en cambiarlo, pero las previsualizaciones me muestran un blog que no parece mío y al final termino dejándolo tal y como estaba. Sin embargo, sí ha habido cambios, pequeños, yo creo que casi no se notan, pero están. La columna solitaria de la derecha se partió en dos, añadí algún que otro gadchet y toqueteé la plantilla. Parece que no hay cambios pero están ahí. También miro mis entradas antiguas y veo cambios en mí misma. Mi vida hace cuatro años no es la misma que ahora. Y los cambios son pequeños, pero están. A veces tengo la sensación de que no avanzo, llevo parada en el mismo sitio durante toda mi vida, las cosas pasan a mi alrededor y yo sigo quieta, inmutable, como una estatua en medio de un plaza. Sin embargo cambio, el frío, la lluvia, el viento... grietas y erosión por todas partes. Las grietas son profundas y pueden partirte, la erosión en cambio te suaviza, crea curvas donde había cantos y aristas. No hace mucho me dijeron que yo era como un junco, tal vez tengan razón, pero hay días que me siento estatua.
Estoy en el mismo sitio que hace veinte años, pero no soy la misma persona. Y eso no es malo, no es malo envejecer, no es malo cambiar y ser distinta. He perdido sueños y esperanzas. Tengo presente cuando antes tenía futuro. Es donde más noto el cambio. Hace veinte años yo quería "ser", estaba escribiendo mi primera novela y me imaginaba un futuro donde sería una gran escritora, terminaría mis estudios y sería una gran profesional en mi campo... supongo que todos soñamos cosas así. Y esos sueños desaparecen, los he visto desvanecerse poco a poco, a lo largo de los años, no se cumplen pero dejan de importar; hasta que de pronto me he dado cuenta de que ya no puedo soñar con "ser" porque ya soy. Y de un tiempo a esta parte tengo miles de ideas y proyectos, y lo que pienso es en "hacer". Antes mis acciones iban encaminadas a transformarme, ahora en cambio soy yo la que transforma, la que da. Me miro en el espejo y me reconozco.
Y creo que es bueno, aunque a veces echo de menos poder soñar como antes.