jueves, 25 de febrero de 2010

[Relato] El parásito

Creí que tenía este relato colgado en el blog pero veo que al final no lo colgué aquí, aunque sí lo tengo colgado en varios foros,  hace ya un par de años que lo escribí y fue mi primera incursión en la ciencia-ficción. Ahora me lo han publicado en NGC3660, os dejo el link por si no lo habéis leído.




Georgia O'Keeffe

viernes, 19 de febrero de 2010

[Reseña] Crónicas marcianas

-No arruinaremos este planeta. Es demasiado grande y demasiado hermoso.
-¿Cree usted que no? Nosotros, los habitantes de la Tierra, tenemos un talento especial para arruinar las cosas grandes y hermosas.

Ray Bradbury escribió Crónicas marcianas en 1946. Después de una guerra, cuyos ecos invaden la segunda mitad del libro, sorprende todas las referencias actuales que hay. El mundo se destruye ante nuestros ojos. Primero es el mundo marciano, un mundo soñado donde sus habitantes pueden ser cualquier cosa. No los entendemos ni se pretende que los entendamos. En otros mundos serían hadas o duendes, son especiales, no necesariamente buenos. No los entendemos y ellos tampoco nos entienden. Los destruimos por miedo, una veces; otras es simplemente una equivocación.


Ernst Ludwig Kirchner

Vemos cambiar a Marte, vemos el proceso de colonización, la búsqueda de nuevas oportunidades en una tierra nueva. Recuerda en muchos momentos a la colonización de América. Hay un halo de tristeza que recorre todo el libro. La búsqueda de sueños perdidos, la búsqueda de una libertad que no tiene en la tierra pero que no existirá en ningún sitio. Hay relatos donde los protagonistas intentan recrear sus sueños, puede ser la casa de una novela o una persona muerta. Al final no sirve de nada, la realidad se impone siempre, borra los sueños de un plumazo. Y siempre somos conscientes de que los sueños son sueños. Nos engañamos a nosotros mismos, nos ilusionamos aunque sabemos que es falso porque parece mejor ese simulacro a la nada absoluta. 

Noche tras noche, año tras año, la mujer, sin ningún motivo, sale de la casa  y mira largamente el cielo con las manos en alto, mira la Tierra, la luz verde y brillante, sin saber por qué mira, y después entra y echa al fuego un trozo de leña, y el viento sigue soplando y el mar muerto sigue muerto.


Jason Pollock

Y al final, la guerra, llenandolo todo, abarcando hasta los planetas lejanos. Los hombres corren a salvar su viejo mundo pero el mundo seguirá sin ellos, siempre. Moviendose mecánicamente, las ruinas de la Tierra no son tan distintas de las ruinas marcianas. Y empezar de nuevo en otro lugar, con esperanza, eso nos dice Bradbury. Aunque yo creo que simplemente será volver a repetirlo todo.


Los marcianos les devolvieron una larga, larga mirada silenciosa desde el agua ondulada...

domingo, 31 de enero de 2010

[Relato]Más vale tarde que nunca



La Verja - Rusiñol



MÁS VALE TARDE QUE NUNCA

Llegaba tarde. Lo sabía. Había dudado hasta el último minuto, intentando decidir si debía asistir o no desde el momento en que leyó la noticia en la prensa; no había recibido ninguna llamada avisándole, había perdido el contacto con todos sus antiguos condiscípulos y ahora se preguntaba si alguno de ellos lo reconocería, si le dejarían entrar. La vida a veces da vueltas a tu alrededor como una peonza y algunas veces llegamos al punto donde estábamos al principio. Una verja cerrada, nada más. Ya había llegado hasta allí, a las puertas del viejo internado donde había pasado su adolescencia. ¿Le abrirían si llamaba? Sacudió la cabeza, retirando la mano. Era mejor que las cosas fueran como habían sido siempre, saltaría la reja y entraría por la ventana de su vieja habitación.

Ya no era el jovenzuelo rebelde que se escapaba por las noches del colegio, los años le habían pasado factura. Presumía de conservarse bien, estaba en forma, su talla apenas había cambiado durante todos esos años y las arrugas que empezaban a agolparse alrededor de sus ojos todavía eran finas y, sin embargo, sentía la edad que tenía en los músculos y en los huesos, la agilidad de la juventud hacía mucho que lo había abandonado. Conservaba bien su apariencia, el cabello siempre un poco largo, la misma intensidad en los ojos, presumía también de conservar el espíritu, pero eran muchas cosas las que habían cambiado.

Se ocultó entre los árboles al ver pasar a la gente, alguno quizás le reconociera aunque él no era capaz de reconocer a sus antiguos compañeros en aquellos hombres serios de aire satisfecho. ¿Cómo lo verían a él? En realidad toda su apariencia era mentira.

En el teatro da igual cómo seas de verdad, existe el maquillaje y las pelucas, las luces que ocultan o resaltan lo que interesa, te han parecer joven aunque no lo seas. El cable nunca se ve cuando extiendes los brazos y empiezas a volar.

Las verja continuaba igual y la recorrió hasta llegar a la parte trasera, allí donde tantas veces la había saltado. Trepar ahora le costaba más, sentía que se resbalaba son los zapatos se dijo, son los zapatos. Cayó al suelo tras saltar al otro lado, antes caía de pie, como los gatos, antes no perdía el aliento al correr, no le crujían las rodillas. Corrió hacia la colina.

Todo parecía estar igual a cómo lo recordaba, el viejo árbol donde solía subir, las ramas donde se recostaba a tocar la armónica, nada había cambiado. Cerró los ojos y se imaginó de nuevo joven, con sueños, con esperanzas, con la excitación que produce el miedo cuando haces algo que no deberías. Encender un cigarrillo ya no era una provocación, sus sueños se habían convertido en humo, las esperanzas se habían revelado espejismos. Estaba viviendo la vida que había elegido, tenía una esposa y un hijo, un teatro que lo aplaudía ¿Porqué echaba de menos aquellos días en los que no era feliz?

-Supongo que siempre me preguntaré si lo que perdí es mejor que lo que tengo. Aunque en realidad no lo sea.

Caminó despacio, el edificio no estaba muy lejos, ahora sí veía cómo las cosas habían cambiado. La fachada era de otro color, veía un grupo de ventanas que antes no existía, habían añadido un ala al edificio. Buscó la ventana que le interesaba y sonrió al comprobar que estaba entreabierta, todavía podía escalara la pared hasta ella, no era tan viejo. Todavía podía hacerlo. Se dio impulso más con obstinación que con fuerza y comenzó la escalada, los zapatos le resbalaban, sentía cómo la pared raspaba sus manos, pero siguió adelante. Recordaba cada una de las veces que había subido hacia esa ventana, se había escapado muchas noches pero siempre había vuelto. Esa habitación había sido su hogar.

Se dio un último impulso para llegar hasta la ventana y cayó dentro de la habitación, dándose un golpe contra una silla. Se quedó un momento en el suelo, mirando a su alrededor. Había cambiado. La cama estaba apoyada ahora contra la pared contraria a la que él recordaba, los muebles eran distintos, no había ropa tirada en el suelo aunque algunos detalles personales le dijeron que esa habitación estaba ocupada.

Se levantó y comprobó que se había roto la chaqueta a la altura del codo. Se miró en el espejo y se ajustó la corbata. Un gesto que a todos los que le conocieron en otra época le hubiera resultado extraño. ¿Me parezco a mi padre? pensó. Se miró a la cara y observó que había algunas hebras grises en su cabello.

Oyó voces en el exterior.

-Ten cuidado, si descubren que te has encontrado con ella en el establo…

-Nadie lo sabrá, tengo que ir, me lo ha pedido en la carta, tiene que ser para algo importante… Se que tú no dirás nada.

-Yo no, pero como se entere el infeliz de Ned y se lo cuente a la bruja de su hermana se va a liar una bien grande.

Una puerta se abrió y se cerró, después se abrió otra, demasiado cerca. Se volvió y se encontró delante de un joven alto y desgarbado, de cabellos oscuros y ojos azules.

-Señor… -el joven parecía confuso, pero le parecía que su tono tenía algo de desafiante-. Esta es mi habitación.

-Fue la mia hace ya muchos años, quería ver si las cosas seguían igual.

-¿Y siguen igual?

-Hay cosas que nunca cambian.

-¿Ha venido al funeral?

-Sí… creía que viviría para siempre y que siempre sería la directora de este lugar.

-Estos últimos años lo único que hacía era regañar y asustar, estaba ya muy mayor. Cuando yo llegué ya había otra directora. ¿Se lo hizo pasar mal?

-Creo que fue algo mutuo. ¿Es la carta de una chica? –al mirar el papel que el chico sostenía en la mano, éste se ruborizó.

-A veces las cartas son falsas y cuentan mentiras, sobre todo si tiene enemigos cerca. Y si tus enemigos tienen hermanas yo en tu lugar me aseguraría que la letra no fuera la de ella.

El muchacho tragó saliva.

-Gracias, señor.

-Voy a presentar mis respetos a la difunta –sonrió al recordar a la antigua directora del internado- . Sé que le haría ilusión.

-Hay muchos antiguos alumnos abajo, seguro que encuentra a viejos conocidos, señor.

Asintió y salió de la habitación. Señor, señor… ¿realmente me pareceré a mi padre? Oyó voces a su espalda.

-¿Quién era ese?

-Viene al funeral. ¿Puedes conseguir una muestra de la letra de Margaret?

-¿De Margaret? ¿para qué?

-Tú cosiguela y después te cuento.

Las voces se fueron difuminando conforme bajaba las escaleras. El féretro estaba dispuesto en una amplia sala, rodeado por el resto de las profesoras y más gente de la que nunca hubiera imaginado que asistiría. Algunos habían traído flores. Muchos fumaban, a la anciana no le habría gustado eso. Se quedó un momento en la puerta, observando, quizás buscando una cabeza llena de rizos rubios o esperando oír una risa contagiosa. No estaba. Dio un paso hacia el interior y estrechó con fuerza la mano de un hombre calvo que se acercó a saludarle. Lo miró a los ojos pero le resultó imposible recordar su nombre.

-Pensaba que la vieja nos sobreviviría a todos –dijo su antiguo condiscípulo, no había lágrimas, ni dolor. Era algo natural, era ya muy anciana-. Oí que te van bien las cosas, el teatro lleno todas las noches.

-Voy a presentarle mis respetos –dijo, y evitó la palmada que el hombre intentó darle en la espalda. Avanzó hacia el féretro, se quitó la corbata y desabrochó el cuello de la camisa. Llevaba la chaqueta desgarrada.

No me parezco tanto a mi padre. Me reconocerá.

 
Magritte

sábado, 30 de enero de 2010

[Reseña] Intrigas y deseos

Nunca me ha gustado demasiado Dalgliesh. Me resulta demasiado lejano, demasiado frío. No es un personaje con el que pueda sentirme identificada y tampoco llega a resultarme odioso, P.D. James construye un personaje que en todas las novelas en las que lo he visto ha conseguido dejarme indiferente.

Lo mismo me pasa muchas veces con sus novelas. Son correctas, pero no me terminan de llegar. La trama está bien construida, pero no termina de interesarme. En Intrigas y Deseos se intuye fácilmente quien es el asesino a mitad de la novela, en otras  que he leído está más disimulado pero aquí brilla abiertamente. También desde las primeras páginas sabemos quién va a ser la víctima, todo está mostrado de forma tan abierta que por un momento pensé que podía haber algo más, que daría algún giro que me sorprendería. No ha sido así, la trama da vueltas para llegar a donde estaba previsto.


Venus - Chasseriau

A diferencia de otras novelas de P.D. James, aquí Dalgliesh no es el protagonista. Tiene tan poco peso que me pregunto porqué está ahi ¿porqué no lo ha suprimido? Podría haberlo hecho y no se hubiera notado.  El otro detective, Rickards tampoco tiene mucha importancia. No hay grandes protagonistas ni entre los investigadores ni entre los sospechosos, todos tienen su lugar en el puzzle, un lugar preciso y concreto del que no salen.

Quizás el verdadero protagonista del libro sea la casualidad y los malentendidos. No entendí la importancia de un vaso mellado, la amplia descripción que le dedica, hasta que no vi que era la causa de una mala interpretación. La policia saca conclusiones erróneas de sucesos casuales, también lo hacen los sospechosos. Lo más interesante del libro es ver cómo las personas actúan de forma equivocada porque interpretan mal los mensajes que les llegan. Hay personajes que mueren por un error, una muerte extraña y ajena a la trama principal pero que cobra gran interés a pesar de ser una trama secundaria, posiblemente sea el momento más intenso del libro, sin embargo los personajes que llegan a ese momento intenso apenas han sido tratados, los hemos visto de refilón, sospechosos de relleno.

Se nota en el libro la falta de un protagonista que arrastre la historia, de personajes atractivos que atrapen al lector. Hay personajes que parece que van a dar mucho de sí y se quedan en anécdota, otros en cambio parecen personajes de relleno y acaban adquiriendo más importancia. A la trama le falta vigor, intensidad, está muy bien construida, no hay fallos de coherencia, pero le falta algo que nos lleve a querer pasar de página y a no soltar el libro hasta que hayamos descubierto qué es lo que está ocurriendo. Intrigas y deseos es una novela correcta, pero nada más.



Molino - Carlos de Haes

domingo, 17 de enero de 2010

[Relato]Noche de Luna

Los dos cuervos de alas azuladas continuaban posados sobre la reja que rodeaba el jardín. Lo miraban fijamente, como si le estuvieran diciendo que aquel no era su lugar, que no debería estar allí. Jared tragó saliva. Nunca se había alejado tanto solo de noche y se sentía culpable por ello. Su casa parecía tan lejana alli, en el lindero del bosque. Pero ya era mayor. No debía tener miedo. Sólo eran dos pájaros negros y no podían hacerle daño.


Friedrich
Avanzó despacio. Cada paso que daba le costaba más trabajo que el anterior. Su cuerpo estaba cambiando poco a poco y no podía hacer nada por evitarlo. Había crecido mucho en el último año. Ya tenía una sombra de vello en sus mejillas y sentía que sus brazos se iban haciendo más duros y más fuertes. Los zapatos hacía tiempo que le apretaban y se quedaban siempre olvidados en casa. Corría mejor sin ellos. Tenía que decidirse ya. Dio un paso más. Dejó atrás el bosque y avanzó hacia la reja. Se sentía de pronto desprotegido, como si aquellos altos árboles pudieran defenderlo de la mirada fría de los cuervos.

Levantó la cabeza y les sostuvo la mirada. No dejaría que vieran que tenía miedo. Avanzó un poco más. Primero despacio, después tomó carrerilla y de un salto dejó la reja atrás. Ya estaba dentro. No había sido tan difícil. Jared se dio la vuelta y miró a los pájaros, desafiante, desde el interior del jardín. Los cuervos no le hicieron ningún caso y continuaron vigilando el bosque. Jared esperó, hasta que uno de ellos se volvió de pronto, sus ojos tan punzantes como saetas afiladas, pero no se abalanzó sobre él.

Jared levantó la cabeza. Se sentía seguro, poderoso, lleno de energía; sentía que si se hubieran enfrentado hubiera podido acabar con el cuervo allí mismo. No estés tan seguro, parecían decirle los ojos negros del pájaro, pero continuó sin moverse. Jared se dio la vuelta, dispuesto a continuar.

Dentro del jardín también había árboles, pero no eran tan altos y recios como los del bosque. En el jardín estaban muy separados y sus ramas se alargaban hasta el infinito intentando tocarse. El viejo sendero estaba recubierto de malas hierbas y apenas se distinguían los restos de grava. Alguna flor solitaria sobrevivía entre los arbustos, un recuerdo de lo que ahbía sido ese lugar antes de que los estragos del tiempo y el abandono lo hubieran convertido en un sitio fantasmagórico. La hiedra se enroscaba por todas partes, mustia y seca, como si hubiera robado toda la vida del jardín y ya no le quedara nada, excepto consumirse.

Jared avanzaba mirando hacia todos los rincones, buscando en las sombras la causa de su miedo. Algunos decían que en el jardín flotaban los fantasmas, otros que los aparecidos paseaban entre las ruinas del viejo castillo. Todos tenían prohibida la entrada en el jardín y sólo unos pocos se atrevían a traspasar la verja. Ninguno había vuelto para contar exactamente qué pasaba en él.

A su alrededor oía el graznido de los cuervos y el ulular de una lechuza lejana. No sabía porqué pero había dejado de tener miedo. Su futuro estaba delante de él, en cada paso que daba sobre el sendero de grava. Sólo tenía que seguir caminando un poco más.

Se detuvo. La presencia tomaba forma delante de él, envuelta en rayos de luna. Se había materializado de pronto y Jared tardó un segundo en reconocer qué era. Unas cuencas vacía miraban al horizonte, como si pudieran ver a través de él. Las carnes magras apenas parecían sostenerse alrededor de los huesos. Estaba sucio y la ropa le colgaba en jirones. Jared se fijó en las manchas de sangre que estaban tan secas que ahora eran de color parduzco.

Jared dejó de respirar, se quedó quieto, sin hacer ningún movimiento, preguntándose si aquel hombre era un fantasma y si le habría visto, pero la figura no hacía ningún movimiento. De pronto extendió la mano y abrió la boca, intentando gritar, sacudiéndose de encima un enemigo invisible que lo atormentaba.

Déjame ayudarte, quiso gritar Jared, Déjame ayudarte. Dime... Pero de su garganta sólo salió un sonido ronco y sintió un dolor terrible, como si le hubieran arrancado la voz de cuajo. Intentó toser, sacudirse aquella presión que le atenazaba la garganta. Por alguna razón no le daba miedo, aunque sólo con que aquel hombre avanzara unos débiles pasos ya estaría encima de él.

El hombre dio un paso adelante, con la boca abierta en aquel grito mudo que Jared no podía oír. se preguntó si se habría quedado sordo. Dejó de mirar la figura y buscó en el aire, al instante oyó el sonido de unas alas aleteando sobre su cabeza y su nerviosismo se disipó. El cuervo planeaba volando muy bajo, pasó por encima de su cabeza y se lanzó sobre las cuencas sin ojos del hombre.

"Two Raven" Dave Rasel
 El corazón se le aceleró. Después pasó otro cuervo y luego otro, y otro más, hasta que la figura quedó cubierta por un millar de alas negras. Al sentir el ataque el hombre se había quedado quieto. Ya no se defendía, ahora que el peligro era real. Era como si todo estuviese sucediendo a destiempo.
Era difícil saber si era cierto lo que estaba viendo o sólo un reflejo del pasado que se hacía realidad bajo la luz de la luna. Jared comprendió que no importaba, en ese momento sól otenía que seguir sus instintos. Se lanzó sin pensarlo dos veces sobre la figura cubierta de alas negras, intentando apartar los cuervos del cuerpo descompuesto de la víctima. No tenía más armas que su propio cuerpo y el impulso que llevaba derribó la esquelética figura al suelo. Los cuervos se convirtieron de pronto en una nube negra que lo rodeaba por todas partes. Jared se defendió a golpes y mordiscos. Saltó sobre ellos cuando intentaban levantar el vuelo. Se arrastró después, huyendo y escondiendo la cabeza cuando no podía repeler sus ataques. Los alejó de allí apenas unos metros, los suficientes para que el hombre pudiera ponerse de pie y sonreír con su boca desdentada.

Jared oyó un graznido en las alturas. Sobre las ramas retorcidas de un castaño, uno de los guardianes de la entrada contemplaba la escena sin intervenir en ella. Jared miró al cuervo incapaz de hacer nada. Sintió los picotazos en la espalda, pero no podía defenderse ni apartar la mirada de aquellos ojos tan negros que parecían poder tragárselo. Se preguntó si a él también le arrancarían los ojos, como al hombre. Intentó gritar pero de su garganta sólo salió un aullido de terror.

Entonces se apartaron las negras alas y la luz de la luna iluminó el sendero. La figura dle hombre se volviió difusa. ¿Es que no va a ayudarme? -pensó Jared, angustiado-. Yo he intentado ayudarle a él. La desesperación atenazó su alma y al mismo tiempo lo liberó, proque se dio cuenta de que no tenía miedo. ¿Iba a morir? ¿Era eso lo que había necesitado buscar tan desesperadamente esa noche en el jardín? Quizás sería lo mejor.

El cuervo graznó de nuevo y su  compañero en al verja llegó volando junto a él, abandonando la vigilancia. Ahora los dos lo miraban, pero Jared ya no sentía dolor. Se debatió un poco más, sin fuerzas. Volvió a luchar contra aquellos fantasmas mientras sus ojos estaban prendidos en la rama del castaño. De pronto, notó cómo la luna se abría paso a través del camino y sus rayos cubrieron su cabeza con un halo de plata. Los cuervos empezaron a desvanecerse en el aire, haciéndose cada vez más difusos y más débiles. Ya casi no los sentía, como si desde el principio no hubieran sido nada más que aire. Los fantasmas que siempre lo rodeaban.

Jared cerró los ojos. De pronto se sentía cansado, como si tuviera miles de años. Quizás los tuviera, hacía mucho que había dejado de contarlos. Inspiró hondo y los abrió de nuevo. Realmente estaba muy cansado. Se arrastró hasta el cadáver pero no lo tocó. Reconoció al leñador que pasaba todas las tardes junto a la verja del jardín, mirando hacia dentro, deseando entrar. Los cuervos le habían sacado los ojos, siempre lo hacían despés de que él hubiera devorado la carne. Entraban pocos hombres en el jardín y cada vez más a menudo tenía que salir fuera a cazar, cada día un poco más lejos, cada noche arriesgándose un poco más. Todo se estaba descomponiendo a su alrededor, todo moría, menos él.

De los miles de cuervos que habían poblado el jardín ya sólo quedaban aquellos dos, que lo esperaban impacientes todas las noches y guardaban la entrada a cambio de una parte de sus presas. Se preguntó porqué le había parecido que el leñador sonreía mientras lo mataba. Todo se volvía cada vez más confuso. A veces olvidaba quién era, quién había sido, sus dos mitades que sólo se unían las noches de luna llena.

Los cuervos graznaron de nuevo y Jared les ordenó que volvieran a su puesto en la entrada. Se reían de él. Un día no le obedecerían y todos sus temores se harían realidad. Entonces no serían sólo sueños. O quizás algún día entraría alguien a matarle y ellos lo dejarían pasar. Eso le daba miedo, pero también esperanza.

Dejó el cuerpo allí, en el sendero, y avanzó hacia las ruinas de lo que una vez fue su hogar. Ahora pasaba cada vez más tiempo lejos de allí, escondido entre los árboles donde nadie pudiera verlo, mirando el bosque que se extendía tras las rejas, desando marcharse. A veces sacaba una mano fina y blanca a través de los barrotes y los lugareños decían que el fantama estaba pidiendo ayuda. Sólo se atrevía a salir de allí cuando la naturaleza lo poseía, por las noches, cuando no recordaba nada. Sólo una vez al mes, cuando la luna llena apartaba las nubes, sus dos mitadas se unían y recordaba y sabía. Nunca saldría de allí. Si las nubes taparan para siempre la luna y sus dos mitads se separaran completamente, quizás.

Jared levantó una vez más los ojos hasta el astro que volvía de plata la hiedra seca, que ocultaba las estrellas y lo encadenaba a aquel lugar con eslabones de luz. Si no tuviera miedo se marcharía para siempre de allí. Mientras le quedaran recuerdos tendría miedo. Y le dolería.

Fuera, en el pueblo cercano, como todas las noches de luna llena, oyeron a un lobo aullar tras las rejas del jardín.



"Lobo" Franz Marc











martes, 5 de enero de 2010

Las desventuras de una master novata

Hace tiempo William me dijo que comentara las partidas que dirigía, nunca lo he hecho porque la verdad es que siempre han sido un desastre pero últimamente me estoy replanteando muchas cosas y voy a dar inicio a una serie de artículos para contar mis experiencias.

La culpa de que yo empezara a dirigir partidas por foro la tuvo Balthamel, que me hablaba de lo fácil que era dirigir por foro y que yo sería capaz de hacerlo. Ahora, después de cuatro partidas, no tengo tan claro que sea fácil.

Mi primera partida tenía una trama muy compleja, que los jugadores no llegaron ni a ver, los problemas de esa partida fueron sobre todo de jugadores, tenía muy pocos y fueron desertando poco a poco. Los jugadores actuaban a veces de forma extraña, una de las jugadoras era novata y tendía a actuar como si estuviera en una novela, intenté captar su interés pero me fue imposible, notaba como iba perdiendo el interés en cada post hasta que la dejó. Otros lo dejaron por problemas de tiempo. Fue una partida donde me sentía muy inexperta, no conseguía que los encuentros fueran apropiados para los pjs, o los hacía demasiado duros o demasiado flojos, no conseguía meter a los pjs en la trama sino que esta giraba a su alrededor sin que se dieran cuenta de nada. Al final dejé la partida morir sin meter jugadores nuevos, me parecía más sencillo empezar de nuevo.

Para mi segunda partida decidí no inventar nada, sino coger un módulo que encontré en una página de internet. Allí tenía los encuentros ya hechos, una trama bastante directa y me parecía que sería más fácil. La mayoría de los jugadores eran novatos así que tampoco me daba miedo que me salieran mal las cosas porque no se iban a dar mucha cuenta. Esta vez si tenía un grupo de jugadores fiable que no desaparecieron durante el año que duró la partida, aquí me encontré con otro tipo de problemas, el mismo que he tenido en la tercera partida que he dirigido.

Los jugadores no se enteran de nada, pero de nada. Les metes ganchos y no los siguen. Tienen cosas personales que investigar y se olvidan de ellas como si no les importaran. Les dejas caer pistas y las ignoran, sólo se motivan cuando hay un combate y a pesar de eso, aunque yo intentaba que cada combate sirviera para algo e hiciera avanzar algo la trama (consejo de Balthamel) daba igual, porque no se enteraban.

El módulo tampoco era una solución, había partes que se hacían lentas y aburridas para jugarlas por foro, tuve que quitar muchos combates aleatorios que no servían para nada y había partes de la trama que no me gustaba como estaban solucionada y tuve que hacer muchos cambios.

Dejé que la partida muriera por cansancio, por frustración, aunque todavía hoy algún jugador me dice que porqué no la retomamos. Me da cosa por ellos, pero llegó a un punto que no sabía cómo reconducir la trama hacia la original del módulo y aún sigo pensando en cómo hacerlo.

La tercera partida que he dirigido está a punto de terminar. Surgió de casualidad, un master había dejado una partida parada por falta de tiempo y me ofrecí a llevarla mientras volvía, me inventé una aventura corta para los jugadores que quedaban y metí algunos jugadores nuevos. Aquí tuve problemas con los jugadores nuevos, que no funcionaron. Ninguno duró mucho y de los originales también alguno abandonó la partida. He tenido también problemas de trama, que no consigo que los jugadores se interesen por ella. No sé qué es lo que hago mal, al principio era sólo ir a rescatar a unos compañeros secuestrados por unos orcos, después fueron viendo que había allí algo más, pero no les interesaba.

Mi idea era continuar la trama en una partida que ya fuera mía. Como no sabía qué pretendía hacer el master anterior, me fui inventando yo las cosas que me convenían, creía que la trama era interesante, que tendrían curiosidad por conocer qué estaba pasando pero nada. Todas las señales les llevan en una dirección y ellos quieren ir en la dirección contraria.

Lo bueno de esta partida han sido los pnjs, que he aprendido a utilizarlos para empujar a los jugadores en determinados momentos en que se quedaban parados, que he conseguido hacer una trama simple y que ha terminado, aunque tiene continuación y que los encuentros han estado mejor compensados que en las partidas anteriores, señal de que conozco un poco mejor el sistema.

Lo malo pues que he tenido los mismos fallos que en la anterior, no he sabido crear una trama interesante que atraiga a los jugadores, ni he sabido desarrollarla bien para que se sientan implicados en ella y aquí no tengo la escusa de que era un módulo sino que la trama era mía. No creo que sea culpa de ellos, porque he visto a esos jugadores funcionar bien en otras partidas, el hecho de que tantos jugadores dejen la partida también es síntoma de que algo no va bien.

Otro fallo que he tenido con esta partida es empezar la continuación antes de terminar, para ir metiendo a dos jugadores nuevos que deben encontrarse con el grupo original en una ciudad. Es un fallo porque el grupo original ahora no quiere ir a esa ciudad así que me encuentro en un problema, pues tengo a gente esperando en un sitio y siguiendo ya la trama propuesta y al grupo original sin interés por la trama y queriendo ir a otro sitio. Imagino que un master experto sería capaz de resolver el problema, yo me encuentro perdida y sin ideas para solucionarlo. Incapaz de montar otra trama alternativa ¿y si tampoco les gusta? No sé, al final todo el esfuerzo no sirve para nada.



La cuarta partida la acabo de empezar, apenas un mes llevo y ya he tenido tres bajas. Esta vez hice introducciones personalizadas a cada jugador, intentando relacionarlos con otros jugadores. Cuando los jugadores desaparecen, intento relacionarlos con otros aunque a veces quedan muy forzadas las cosas, tampoco el ritmo es el que quiero, he intentado ir a un turno semanal pero no todos los jugadores responden, con algunos sí tengo esperanzas, se les ve interesados aunque todavía no han visto la trama, espero no desilusionarles cuando la vean.

Visto mi curriculum, he estado pensando en cerrar esta partida aunque acabo de empezarla. Dejarla antes de que las cosas vayan mal y me deprima como con las demás. No lo haré, seguiré intentándolo mientras tenga jugadores, ya he aprendido muchas cosas que no debo hacer. Lo malo es que fórmulas para hacer cosas que funcionen no he encontrado todavía.

sábado, 26 de diciembre de 2009

[Trasfondo] Siobel uth Borg


Siobel es una Dama de Solamnia que viaja con un grupo de aventureros, trasfondo para una partida por foro que estoy jugando actualmente.


Ahora todo ha terminado, y puedo empezar de nuevo. No tengo miedo. Todo ha quedado atrás, ahora no soy nadie. ¿Lo fui, alguna vez? Ya no importa. Tengo que dejar el pasado atrás. Nunca volveré a Palanthas. Allí están mi padres, mis amigos, si voy me mirarán a la cara y sabrán que me han derrotado. No he estado a la altura de lo que se esperaba de mi. Mi madre me echará en cara la lista de todos sus antepasados hasta llegar a aquel que fue amigo de Vinas Solamnus. Procedo de familia antigua pero solo es la mitad de mi sangre, y es sangre que a veces parece débil y aguada. ¿Qué héroes hay en la familia desde hace cien años, madre? O desde hace trescientos. He hecho lo que he podido.

Con mi padre será distinto, con él no puedo poner excusas, entre mi abuelo y él hicieron un imperio comercial de la herrería que heredaron de mi bisabuelo. Ahora mi padre controla el gremio de comerciantes de Palanthas. Se casó con una dama de rancia familia para asegurarse una posición. Diseñó su propio escudo de armas. ¿Qué más da que se enriqueciera con métodos a veces poco lícitos, aprovechando las guerras que han asolado Ansalon en los últimos cuarenta años? Es el honor del que finge tenerlo, eso es lo importante. Si hubiera fallado y nadie lo supiera daría igual, pero todos lo saben y soy una vergüenza para él, para la familia. He fracasado.

A mis espaldas llevo muchos muertos, dos maridos que murieron en el campo de batalla, en Sanction. Quise viajar con ellos, luchar con ellos pero no me dejaron. Esperaba en casa, en las dos casas que realmente nunca fueron mi hogar a que volvieran. Uno detrás de otro, me casé con el segundo antes de que se enfriara el cadáver del primero. Eran hombres importantea, valientes caballeros. Era lo que me convenia, lo que convenía a mi familia. Ahora me alegra no haber tenido hijos con ninguno de los dos.

También en eso fallé. Como dama y como guerrera, no tengo un lugar realmente. Obligaciones sin cumplir una y otra vez. Aunque fueran fáciles. Conocí a mucha gente y extendí las relaciones de mi familia. Eso sí pude hacerlo. Pero eran mentiras, siempre mentiras. Sonrisas falsas para atraer relaciones, usarlos para firmar tratados que no siempre se cumplen. Fingir que las cosas van bien, que las amenazas de los grandes dragones no nos afectaban. Perderme en leyes y normas que nunca he llegado a comprender muy bien, y que tampoco importan si no sirven para lo que necesitamos.

El honor es mi vida. Una frase vacía que mi padre quería incluir en nuestro escudo de armas. No ha habido honor en nuestras vidas y, cuando he querido ganármelo, solo ha servido para que mucha gente muriera por mi culpa.

Tras la muerte de mi segundo marido quise irme de la ciudad. No lo amaba. Apenas pude conocerlo pues se marchó un mes después de la boda. Su muerte fue la muerte de un desconocido que afectó a mis cuñadas y a mis suegros y me hicieron ver que aquel no era mi lugar. Pensaron que estaba destrozada de dolor cuando les dije que tomaría las armas y lucharía como no había podido luchar él, que vencería donde no había podido vencer él. No me lo impideron. Ya no está tan mal visto que una mujer entre en la caballería y realmente no soy una dama. En momentos como este es cuando me alegra tener la sangre de mi padre, que es roja y fuerte y nadie olvida de dónde viene.

No les dije nada a ellos. Para mis padres me estaba comportando mal. Sé que si los hubiera mirado a la cara habría visto negativas y decepción. Una dama no se subía en un caballo ni atacaba al enemigo espada en mano. Pero yo no quería casarme otra vez. Un nuevo castillo, una nueva familia, un nuevo esposo que se marcharía a luchar y a morir y me volvería a quedar sola. Y yo quería luchar, ganarme por la espada ese honor que mi padre tanto ansiaba. No que lo ganaran por mi, con mi enseña prendida en el casco mientras luchaban. Yo quería estar allí y sentir que era mi espada la que derrotaba a los enemigos. Que huían y nuestro mundo volvía a estar en paz. Una paz que yo nunca he conocido.

Pero fracasé. Me nombraron dama de Solamnia y luché por mi país durante la Guerra de los Espiritus, me enfrenté a seres incorpóreos luchando contra ellos y contra mis temores. Ayudé a evacuar pueblos atacados. A reconstruir pueblos derrotados. Y entonces, cuando mis jefes tuvieron confianza en mi, cuando pusieron a mis órdenes un pequeño destacamento y lo lancé a la batalla, entonces fallé.

Si hubiera muerto no pasaría nada. Mis errores habrían quedado tapados por mi valor y mi heroísmo. Si hubiera muerto el orgullo seguiría intacto y me habrían enterrado en el panteón familiar. Pero no he muerto. Aun peor. Huí y dejé que los demás murieran. Ahora veo los rostros de los muertos todas las noches cuando duermo, los veo acusándome de cobardía. Yo era su capitán, ellos hicieron lo que yo les dije. Y yo me equivoqué. Ahora no puedo perdonármelo.

Mis superiores sí me perdonaron. El consejo de guerra duró varios días y no sé cuanto tuvo que pagar mi padre para que me declararan inocente. No lo soy, todos saben que no lo soy. Me miran y lo leo en sus ojos. Y son desconocidos, por eso no quiero volver a casa y leerlo en los ojos de los que me conocen. Decidí entonces dejar mi cargo. No merecía llevar la Espada de Kiri Jolith en mi escudo. El dios había vuelto justo para ver cómo yo fracasaba, ahora tengo que ganarme su favor antes de volver a lucir sus colores. Aunque me dijeron que todo estaba bien, yo preferí marcharme.

Encuentro trabajos como mercenaria, a veces, otras intento ayudar a aquellos que lo necesitan, ni siquiera sé si busco una redención o si tengo derecho a ella. Salvar una vida no compensa a los que murieron por mi culpa, ni siquiera salvar miles de vidas lo compensaría. Si al menos no los hubiera dejado solos. Si hubiera muerto con ellos. Si hubiera aceptado que cometí un error y sufrido sus consecuencias.

Me digo una y otra vez que no sirve de nada lamentarlo, que podría esperar unos años y luego volver, casarme de nuevo y todo se olvidaría. Pero yo no soy capaz de olvidarlo, necesito una redención que no llega. Necesito sentir que puedo enfrentarme al peligro sin echarme atrás, que soy capaz de tomar una decisión correcta, aunque sea una única vez. Necesito poder mirar a mi padre a los ojos y decirle: "El honor es mi vida" y que sea verdad, que no sea una mentira que fingimos ante los demás, que me he ganado el escudo que llevo. Es posible que a él no le importe, que mi madre no lo comprenda. Su sangre llega hasta Vinas Solamnus, la mia no ha empezado a derramarse por el honor todavía. Quizás no lo haga nunca. Quizás, la próxima vez que me enfrente a un enemigo terrible también tenga miedo y más hombres mueran por mi culpa. Y quizás esa vez sea capaz de quedarme a morir con ellos.

Ahora todo ha quedado atrás. No olvido el pasado, lo llevo sobre el alma y pesa, pero voy a empezar de nuevo y me prometo a mí misma no cometer errores. Tierras nuevas que no he visto, gente que no me conoce y que no me juzga. Los dioses han vuelto, los grandes dragones han muerto pero aún es tiempo de héroes. Tengo una oportunidad y también tengo miedo.