sábado, 23 de octubre de 2010

Sábado en la Hispacón

 Han pasado ya muchos días y no iba a escribirla, pero como Erein me la ha pedido... ahi va el principio de la crónica de la Hispacón.


Todo comenzó el sábado por la mañana, cuando iba a coger el autobus que me llevaría a Valencia tras nueve largas horas de trayecto; cuando salí de casa era todavía de noche, las siete y veinte de la mañana, el autobus salía a las ocho y entre que iba andando y los nervios prácticamente iba corriendo,. Localizé rápidamente el anden del que salía, el autobús era viejo y destartalado, pero me apresuré a meter la maleta dentro y corrí hacia la fila que esperaba para entrar, esperé la cola, apenas quedaban cinco mintuos para irnos; justo al lado había un autobus mucho más nuevo y grande y bonito que no tenía cola, no sé por qué, me dio por preguntar... ¿Esto es aquí? pregunté enseñando al conductor solitario mi billete. Asintió con seguridad. ¡¡Mi maleta!! ¡¡Estaba en el autobús equivocado!! Corrí hacia el maletero que afortunadamente seguía abierto y rebusqué mi maleta que, como no, estaba al fondo, me di el primer golpe en la cabeza contra el borde del maletero y corrí hacia donde me indicaba el conductor del otro autobus, pues en ese las maletas se colocaban por destino, allí me di el segundo golpe en la cabeza con el borde del maletero, pero no importaba, ya estaba en el autobús, destino a Valencia, hecha un manojo de nervios.

Tenía muchísimo miedo, la noche anterior apenas había podido dormir: miedo a perder el autobús, a que ocurriera algo malo durante el viaje pero, sobre todo, miedo a lo que me iba a encontrar al llegar, miedo a la gente.Era mi primera Hispacón y en persona no conocía a nadie. Internet ha hecho mucho por los tímidos, detrás de la pantalla nadie ve cómo te sonrojas ni cuando algo te hace daño y yo me desenvuelvo mucho mejor por escrito que hablando. No iba a estar sola, mis compañeros de Sevilla Escribe estarían allí y dos de mis amigos del Multiverso. Erein me había ofrecido su casa (o yo me metí de okupa por toda la cara, no recuerdo bien, pero vamos, ha sido una afitriona perfecta  :D ) y me había dicho que vendría a recogerme a la estación, lo que también me pareció genial porque con mi sentido de la orientación y en una ciudad desconocida podía terminar en la dirección contraria. Estaba deseando conocerlos a todos, pero también tenía miedo ¿y si en persona no les caía bien? ¿y si me cortaba y no era capaz de decir una palabra? Apenas dormí tampoco en el autobus.

Llegué a Valencia a las siete y media de la tarde del sábado. Nadie me había visto, tampoco. No me gusta que me hagan fotos porque siempre salgo fatal y hasta ahora había conseguido no tener colgada ninguna en la red; tenía unas cuantas en el pc de una kdd a la que fui, pero hará un año se me estropeó el bicho y las perdí al formatear, nunca me preocupé de recuperarlas así que a mis amigos sólo pude darles una descripción vaga pero eso no me preocupaba. Reconocer a la gente es fácil (Erein me había amenazado con presentarse con un cartelito, pero al final no lo hizo :p), los vi un poco apartados, mirando como si no supieran a quien estaban buscando, había visto una foto de Erein, la chica me la recordaba... ¡Esos tienen que ser ellos! me dije, y  toda emocionada fui a saludarles (y menos mal que lo eran, si no menudo corte)  La esperaba solo a ella, pero Victor Mancha también se acercó a recogerme. Me hizo mucha ilusión. Fue un momento ¡puf! la alegría de verlos fue mucho mayor que los nervios y desde el principio empezamos a hablar y hablar sin parar como si nos conociéramos de toda la vida y no paramos durante todo el fin de semana. :D

Dejamos la maleta (con mi paraguas dentro, que tiene delito, porque tuve que volver para coger el regalo de Manchi que lo llevaba allí, justo al lado del paraguas, ains...) en la habitación de Manchi y fuimos para el edificio donde se celebraba la Hispacón. Comenzaba a chispear cuando salimos del hotel, no era nada, yo llevaba sandalias pero un poco de lluvia tampoco hace daño... Sí, sí. 

Las gotas se fueron convirtiendo poco a poco en un diluvio, comenzamos a andar más rápido, luego a correr, chapoteando las sandalias en el agua, hasta que nos refugiamos en el marco de la puerta del mismo centro. Había gente dentro, pero ya estaba cerrado y no nos dejaron pasar. Nos quedamos alli, calados hasta los huesos, resguardandonos apenas mientras la lluvía caía tan espesa como una cortina. El resto de la gente estaba enfrente, bajo unas sombrillas en la plaza que había delante del edificio. Llegó entonces Uwe Vegas, desafiando los elementos para llegar hasta nosotros y hacernos fotos mojados y con una pinta horrible.(Uwe es un encanto, a pesar de su manía de intentar ponerme nerviosa a toda costa).

El agua no paraba de caer, parecía que el cielo se derrumbaba sobre nosotros. ¿Un nuevo diluvio justo sobre la Hispacón? Erein nos animó mucho diciendo que no, que en algún momento pararía, quizás esa misma noche, quizás al día siguiente, quizás dentro de dos días... Si las cosas parecían que no podían ponerse peor... podían, los miembros de la organización que estaban dentro del edificio, secos y a salvo, decidieron salir y echar la persiana. Nos echaron del portal en el que nos que nos habíamos refugiado y tuvimos que correr hasta la zona de las sombrillas, llegó un momento en que el agua que caía sobre nosotros ya me daba un poco igual, lo único que lamentaba era llevar las sandalias y las gafas, que de tan empapadas como estaban no veía nada.

Debajo de las sombrillas había bastante gente, distinguí a Palabras al fondo y fui saludarle, estaba rodeado por muchos sevillaescribientes. Tengo que reconocer que mis compañeros de Sevilla Escribe me daban un poco de miedo; todavía no los conozco mucho, llevo apenas un par de meses en el colectivo y tienen fama de gente abierta y espontanea y yo soy tan cortá que me parecía que no iba a encajar con ellos. Además me habían dicho que no me avergonzara cuando se pusieran a hacer el ridículo... todo mentira, si lo hicieron yo no lo vi. Todos fueron muy agradables y simpáticos, con algunos hablé más que con los otros (con Pil apenas nada, ains, :( si es que no había tiempo para todo). Todo el cague que llevaba se me quitó pronto, en realidad aquello no era muy distinto al foro, sólo que ves los gestos de la gente cuando te habla.

No recuerdo quién propuso ir a cenar, puede que uno de los que llevaban impermeables, porque todavía llovía. Avanzamos atravesando los charcos, no había ninguna manera de evitarlos, parecía que estaba en la orilla del mar, los pies cubiertos totalmente por las olas, la suela de las sandalias se me pegaba a los pies, sentía que me resbalaba, casi no podía andar, avanzaba a trompicones, ciega, intentando quitar el agua de las gafas pero sin poder conseguirlo del todo... Manchi propuso que fueramos al hotel a cambiarnos. ¡El hotel! ¡Con mi maleta! ¡Con mis calentitos botines! :D Invadimos pues la habitación de Manchi, nos secamos, nos cambiamos, contemplé cómo la suela de mis sandalias se habían desecho completamente y seguimos sin parar de parlotear ni un momento, que las crónicas de Bry dan para mucho.

No olvidé el paraguas esta vez, por lo tanto, empezó a llover menos. hasta que paró del todo. Andamos y andamos buscando un sitio para cenar, dejando atrás un montón, no sé porqué, a mí todos me parecía bien. Al final, cuando ya no llovía y daba igual seguir andando, llegamos a uno donde ya había un montón de gente.  No recuerdo los nombres de toda la gente con la que estuvimos cenando, hablamos mucho con Miguel Puente y con el hermano de Patapalo, que creo que también se llamaba Miguel (si no te llamas así lo siento, es que mi memoria y los nombres no terminan de llevarse bien), había también una chica muy simpática de la que creo que no llegué a enterarme de cómo se llamaba y bueno, muchasmás gente. Al final de la cena llegó el momento cumbre, el que llevabamos preparando... tres o cuatro días, porque nos habiamos enterado de que el cumpleaños de Manchi era el sábado tres o cuatro días antes de la Hispacón. Erein le había hecho una tarta y le habíamos comprado una pluma y una camiseta con el escudo del NEMA (Nadie Entiende Mi Arte, club exclusivo del Multiverso al que ya le quedan pocos miembros :p). Creo que no se lo esperaba, y si se lo esperaba lo disimuló muy bien.

Humm... ahora no sé si después de la cena fuimos al pub irlandés o si nos fuimos directamente a casa, como era lo que hicimos los tres días y hace ya tiempo es todo un poco confuso y yo estaba muy cansada, si llegamos a ir no estuvimos mucho tiempo, pero no terminan ahi las aventuras del sábado. Teníamos que llegar a casa. Erein llevaba el coche así que todo era cuestión de recoger la maleta, salir del aparcamiento (rolling eyes :p) y atravesar las oscuras calles siguiendo las indicaciones del hermano de Erein, que nos llevaron hasta una calle sin salida. Lejos de amilanarse, Erein apretó fuertemente el volante y giró en otra dirección, el coche andaba y andaba y veíamos carteles que ponía "Valencia", no se hizo largo porque seguíamos hablando y hablando sin parar y dimos una "vuelta turística" por Valencia, Erein me iba indicando por todos los sitios importantes por donde pasabamos. Llegamos a casa, me tenía preparada una habitación muy linda con baño y todo y su madre nos esperaba despierta (pobrecilla, un beso para tu madre, Erein). Eran más de las tres de la mañana, pero, por fin, dormí... unas cuatro horas, porque a la mañana siguiente habíamos dicho de asistir a la primera conferencia.

Y eso ya lo contaré otro día ;)

 Trio Multiversero: Victor Mancha, Erein y Uwe Vegas


Edito!!!! : Que ya me acuerdo de aquella noche en el pub irlandés, nos sentamos en una habitación pequeñita que había al fondo, había mucha gente y estabamosi ntentando hablar, ¡y lo conseguíamos! La música estaba altísima, pero afilamos nuestras gargantas para conseguir que las voces se elevaran sobre ellas. Erein y yo no bebíamos nada, yo porque en general no bebo, ella porque tenía que conducir, entonces Canijo nos trajo dos cocacolas, que creemos que nos invitó, porque al día siguiente nos dejaron entrar en el pub sin problemas, o si no nos invitó nos fuimos sin pagar por la cara (rolling eyes). Hubo un momento en que la música subió hasta un volumen al que no llegaban nuestras voces y eran canciones... curiosas. El toro enamorado de la luna y cosas por el estilo. Era bastante tarde y yo, pensando en mis antiguas experiencias cuando salía y nos ponían ese tipo de canciones para echarnos de los bares, pensé que era por eso. Luego nos asomamos fuera y vimos una pareja bailando entusiasmada... aunque parezca mentira, no eramos los más frikis del local. Un poco más tarde nos fuimos, la garganta bastante perjudicada, aunque eso no impidió que siguieramos hablando sin parar hasta que llegamos a casa. 

Edito otra vez para subir la foto de la tarta que Erein le hizo a Manchi, la mitad era tarta de queso y la otra mitad tarta de limón ^^







martes, 19 de octubre de 2010

[Reseña] Sopa de Sapos

Cuando coges un libro de relatos, esperas que unos te gusten más, otros menos, que unos te sorprendan, que otros te emocionen, lo que es dificil encontrar es un conjunto de relatos, escritos por diferentes autores y que, sin embargo, todos ellos te estén contando partes de una misma historia. 

Porque eso es Sopa de Sapos, las historias de este libro tienen un aura de leyenda: la han inventado ellos, cada uno ha puesto un ingrediente y su relato es parte de un puzzle que sólo resulta completo cuando se leen todos.

Son siete relatos los que conforman este libro, voy a comentarlos un poco.

Ya no te quiero, de Sergio Macías. Este relato me resultó muy sorprendente. Empieza muy fuerte, como un golpetazo y es un inicio arriesgado, porque después el relato tiene que mantener el nivel de ese comienzo tan fuerte, parece que no lo va a conseguir, el texto se vuelve suave, tranquilo, el inicio fuerte queda como un eco que desconcierta y que no parece parte del relato, pero el autor nos lleva de la mano, nos introduce en aquel mundo misterioso casi sin darnos cuenta, hasta que entendemos el horror de lo que estamos viendo. Me ha encantado ese uso del ritmo en el relato. ¡Ah! Y es fosco.

El rey de la sopa de Juan José Hidalgo Díaz. Vistos de forma independiente, este es mi relato favorito. Tiene una atmósfera impecable, con un punto macabro pero a la vez tierno, la perspectiva infantil le da un ambiente de cuento a la historia que, sin embargo, se ve muy real. Es también la primera aparición del Sr. Bufforson, un personaje misterioso y carismático que será uno de los hilos que vayan uniendo los relatos. Hay momentos en que la historia es predecible, pero el autor juega con eso para mantener la tensión durante todo el texto, el final es sencillo, suave, y consigue dejarte temblando.

La ciudad de los sapos de Enrique Luque de Gregorio. Después de la atmósfera asfixiante del relato anterior, en este el ambiente es más diáfano, los personajes son más positivos, es quizás uno de los relatos en los que más te identificas con los personajes, que del mundo real se van adentrando en un mundo nuevo y lleno de misterios, igual que el lector. Aparecen elementos que ya hemos visto y que reconocemos, como el espejo, pero les da un uso distinto, tomando la leyenda y mostrándonos un nuevo punto de vista.

Instintos de David Esteban García Ramírez, nos presenta otra historia de niños. Y en general no me gustan las historias de niños, pero reconozco que tienen un punto macabro que no se consigue con las historias de adultos.  Vemos una nueva apariencia del sr. Bufforson, una nueva pieza del puzzle sacada esta vez del mundo legendario y trasladada al mundo real, rompiendo la barrera que han marcado los otros cuentos, y eso es precisamente lo inquietante de este relato.

En mis sueños repiquetean huesos de niños de Juan Angel Laguna Edroso Otro relato que vuelve a llevarnos de nuevo a ese mundo paralelo, de la mano de dos personajes que no pertenecen a él y que se ven envueltos en la leyenda sin ni siquiera entender qué les está pasando. Toma elementos de las historias  anteriores y los retuerce, porque a veces las cosas suceden porque se malinterpretan, porque vemos la agonía de los personajes intentando sobreponerse a lo que se les viene encima, lo que no entienden. La ambientación de este relato es distinta a los anteriores, aquí el mundo de leyenda que han creado los autores agoniza y se muere; y sin embargo no nos quedamos más tranquilos de que eso pase, sino que es lo que realmente da miedo.

Y la niebla cubrirá tu cuerpo como un manto de Virginia Pérez de la Puente. Este relato nos lleva a los orígenes de la leyenda, enlazando con el primero de los relatos, haciendo que comprendamos bien el relato anterior. Podría decirse que es el inicio de todo, pero está muy bien metido aquí, justo antes del final, porque los otros relatos nos han ido llevando para que al final comprendamos aquí del todo lo que sucede. Este relato ya es pura leyenda, no hay nada que lo enlace con nuestro mundo, como los otros, tampoco lo necesita. La trama se sostiene sobre dos personajes muy sólidos y nos cuenta cómo nace el mito.

Pacto entre caballeros de Andrés Díaz Hidalgo. El último relato también cierra la historia. A pesar de ser relatos no están sueltos, tiene un final. El tono del relato ha perdido un poco el ambiente mágico de los anteriores y me ha recordado en el tono a un relato policiaco. La tensión es mucho menor que en los anteriores, pero va cogiendo uno a uno los hilos que han ido dejando los demás y los va cerrando. Vuelve a retomar al sr. Bufforson, un gran personaje sea cual sea el autor que lo trate, tiene un punto tierno y termina haciéndose querer, o haciendonos querer que la historia no termine.

Me ha sorprendido la capacidad que han tenido los autores para hacer algo tan redondo, para reutilizar una y otra vez los mismos elementos dándoles cada uno de ellos una nueva lectura, haciéndonos ver cosas distintas que, sin embargo, se complementan, dándole al libro una unidad que no he visto en otros libros de relatos.






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sábado, 16 de octubre de 2010

Fallo del Premio Domingo Santos 2010

Sigo actualizando con buenas noticias. Mi relato "El pueblo fantasma" ha quedado finalista en este concurso, aquí dejo el acta del jurado. Ha sido un subidón increible, es de esos concursos donde pensaba que no tendría posibilidades y ha sido toda una sorpresa. :D




ACTA DE LA REUNIÓN DEL JURADO
DEL

PREMIO DOMINGO SANTOS 2010


En Valencia, el 4 de octubre del 2010, el jurado de la edición del certamen de relatos Domingo Santos 2010, presidido por el escritor J. E. Álamo y compuesto por la escritora y pintora Anabel Zaragozí, la ilustradora Verónica Leonetti y los escritores Roberto Malo, Daniel Miñano, Enric Herce y Claudio Cerdán, tras proceder a las deliberaciones y consiguientes votaciones, acuerda emitir el siguiente:

*FALLO*

Por su narrativa firme y consistente, los personajes magistralmente descritos y la excelente recreación del contexto, declaramos como Vencedor del Domingo Santos 2010 a

EL TAXIDERMISTA DE BRADOMÍN
Autor: Javier Molina Palomino.
Torrejón de Ardoz. Madrid. España.

FINALISTAS

Aeternitas.
Autora: Julia R. Robles. Murcia. España.

Al Final del Camino.
Autor: Ricardo Montesinos Valentín. Badalona, Barcelona. España.

Comer.
Autor: Óscar Bribián. Zaragoza. España.

El Baile de San Vito.
Autor: Sergio Parra de Segur. Calafell, Tarragona. España.

El Pueblo Fantasma.
Autora: Carmen del Pino. Málaga. España.
¡¡Este es el mio!!!

Fairlane.
Autor: Sergio Gustavo Bonomo. Buenos Aires, Argentina.

Honrarás a tus Cromosomas XY.
Autor: Juanfran Jiménez. Madrid. España.

Premiere.
Autor: Rubén Sánchez Trigos. Madrid. España.

Sofisticación.
Autora: Ana Martínez Castillo. Albacete. España.

jueves, 14 de octubre de 2010

Proyecto Erinia

Tenía algunas cosillas pendientes que quería hacer para el blog: una crónica de la hispacón, una reseña de Sopa de Sapos, que lo acabo de terminar, pero lo dejaré para mañana, sigo cansada después del viaje y quiero contaros una buena noticia, no mía, sino de mi amigo Caballero.

En la entrada anterior, colgué un relato que me inspiró una novela de Caballero. La novela en cuestión se llama Proyecto Erinia y acaba de ganar el premio Andrómeda 2010. Tuve la gran suerte de poder leerla hace unos meses y me pareció un trabajo excelente, de los que se leen de un tirón, interesante, emocionante, con grandes personajes, como a mí me gustan las novelas. Y ahora veo que ha llegado hasta ahí, que dentro de unos meses la volveré a leer, pero esta vez en papel., publicada. Ha sido un subidón impresionante, me siento muy orgullosa de él. 

Generación Multiversera nos ha bautizado Bry y sí, lo somos, me lo empiezo a creer.

¡Felicidades, Caballero!!! 

(PD: El nombre real de Caballero es Jose María Pérez Hernández)




viernes, 1 de octubre de 2010

Regreso al hogar

Este relato tiene una historia especial. Nació gracias a Bryoria, que me dio la primera frase en un ejercicio de escritura automática y a Caballero, porque encontré la inspiración leyendo una novela suya. Me había quedado con una imagen de su novela, que me impactó mucho, la de una joven que se quedaba atrapada en un zulo durante una catástrofe nuclear. 

Lo único que tenía en la mente ese día era ese sentimiento de claustrofia, ¿se puede sentir claustrofobia en medio del espacio? ¿Se puede sentir claustrofobia estando en medio del infinito? Ese fue el principio. Ese día las palabras salieron solas, algo que raramente me pasa. Suelo tener que trabajar mucho los relatos para que queden bien, en este en cambio apenas tuve que retocar un poco la parte final para darle la coherencia que necesitaba. La claustrofia fue una excusa, en realidad, el relato trata de si intentamos hacer realidad nuestros sueños o los de los demás. 

Me lo han publicado en NGC3660, os dejo el link:



 

miércoles, 29 de septiembre de 2010

Diamantes y rosas



Se sentó en el suelo del jardín, con el niño apoyado en su regazo. Ya estaba enferma y se sentía cansada, tremendamente cansada. El pequeño quería jugar, alejarse de su regazo, le señalaba las rosas recién florecidas del jardín. Ella tenía miedo de que se pinchara con las espinas y lo agarró para que no se alejara, le gustaba tenerlo cerca. Los rizos dorados de su pequeño Anthony eran como rayos del sol, una caricia cálida en sus manos cuando los revolvía. La deslumbraba. La risa del niño la hacía feliz.

Dejó que su mano se perdiera en la rubia cabeza, acariciándolo amorosamente. Las manos inquietas del niño se enroscaron en torno a la pulsera que adornaba la muñeca de la madre. Diamantes engarzados en oro, brillantes y fríos. Ella se la quitó y se la dio al pequeño, para que se entretuviera jugando con ella. Era feliz así, en silencio, oliendo el perfume de las rosas y oyendo la risa clara de su pequeño. Sus preguntas con media lengua que sólo ella podía entender. Se dejó llevar por la tranquilidad del momento y entrecerró los ojos unos minutos. No le quedaban muchos momentos como ese. Notó como el pequeño Anthony la abrazaba con fuerza. A veces se preguntaba si el niño sabía que se iría pronto. 
 
Berthe Morrisot
No la dejaría marchar. La abrazaría con fuerza y la retendría todo el tiempo que pudiera. Ella luchaba para él, cada minuto que le arrancaba a la enfermedad era para él. Cuando la presión se aflojó de su cintura ella abrió los ojos. El niño tenía la espalda apoyada contra su cuerpo y sus manos manipulaban el broche de la pulsera, intentando abrirlo. Ella lo ayudó. Las piedras brillaban igual que las gotas de rocío sobre las rosas, si su anciana tía viera que había dejado una reliquia familiar en manos de un niño pequeño habría puesto el grito en el cielo. Si su hijo quería diamantes ella se los daría. Se lo daría todo. Ojalá pudiera evitarle todo el sufrimiento que le esperaba. Si al menos no sintiera dolor. Entrecerró de nuevo los ojos, dejando que el sol la arropara mientras se dejaba caer sobre el lecho de hierba.

Nunca supo cuánto tiempo estuvo dormida. La despertó una suave caricia en la mejilla. Abrió los ojos, se incorporó y las rosas se deslizaron hacia el suelo. Contempló los suaves pétalos esparcidos a su alrededor, se giró y vio cómo el pequeño Anthony se estiraba para alcanzar una rosa que estaba demasiado alta para su pequeña estatura. El niño corrió hacia su madre y le puso amorosamente la flor en el pelo.  Ella se dejó hacer, sonriendo, y luego cogió las manos de su hijo. Estaban llenas de cortes y arañazos, pero los ojos del pequeño se veían felices, no había llorado. Ella lo estrechó fuertemente entre sus brazos, hundida en el mar de rosas, se quedaron así mucho tiempo, hasta que los llamaron desde la casa. Ella hubiera preferido no moverse. Quedarse allí eternamente. Pero ya había visto que el niño tenía que sufrir sus propias heridas, y ella no podía hacer nada para impedir esos arañazos que él aceptaba aunque ella se resistiera a hacerlo.

Se levantó y le dio al pequeño Anthony la mano, como si ya no fuera un niño pequeño al que tuviera que llevar en brazos. El pequeño pareció comprenderlo porque la agarró con fuerza, como si tuviera miedo pero a la vez se sintiera capaz de poder andar solo. Y caminaron juntos hasta el umbral.

Cuando al día siguiente el jardinero comenzó a recoger las rosas esparcidas por el suelo, encontró una pulsera de diamantes entre los pétalos marchitos.


Gustav Klimt

domingo, 12 de septiembre de 2010

El beso

Corro con el viento, trepo hasta las altas copas de los pinos, bailo entre ellos. Y corro, corro, nadie puede alcanzarme. Queda un pino solitario, en la colina. Corro, el viento me empuja. Más deprisa. Y caigo. Tierra árida, seca, por la que no puedo arrastrarme, estrecha trinchera de la que no puedo salir. Intento elevarme en un vano intento, alcanzar el árbol, pero no puedo tocarlo. Me consumo. Soy ceniza.