Hace unas semanas dieron a conocer a los finalistas del III premio Ovelles elèctriques. Entonces no podía decir nada, porque el concurso va con seudónimo y pensaba hacer hoy, que salía el ganador, una pequeña entrada contando que era finalista. Al final la entrada va a ser un poco más grande de lo que pensaba, pues ¡me han dado un accesit! Estoy ahora mismo como en una nube :D
Aquí podéis leer el relato, es cortito y de cifi, espero que os guste:
Acta del Jurado del III Premio Ovelles elèctriques de relatos de ciencia ficción, fantasía y terror.
El Jurat format per Júlia Creus, Ramon Batalla, Jordi Guàrdia, Sergio Macías i Fernando Polanco ha decidit atorgar: El Jurado formado por Júlia Creus, Ramon Batalla, Jordi Guàrdia, Sergio Macías y Fernando Polanco ha decidido otorgar:
El tema zombi nunca me ha resultado demasiado atrayente, pero el año pasado me desafié a intentar escribir algo con ese tema, el resultado fueron dos relatos totalmente distintos: uno de ellos está escrito con mucho humor negro, buscando la complicidad con el lector en todo momento, ese relato está publicado en la antología Clásicos y Zombis, de DH ediciones.
El otro es este que os presento hoy, que ha sido publicado en la revista Axxon:
Es un relato mucho más intimista que el anterior, más hermético, más personal. Curiosamente, los dos relatos están ambientados en Francia, esto es casual... al menos no fue algo consciente, pero a veces el subconsciente nos juega malas pasadas.
El peso de "Carretera a París" descansa sobre los hombros de los dos personajes principales, la trama es sólo una excusa para conocerlos y comprenderlos, ellos lo son todo. Si los personajes funcionan, el relato funciona. Si no ocurre así, el relato se hunde.
Como curiosidad, estuve pensando en otro final alternativo, un final más de relato de terror, más impactante, que hubiera dado más fuerza a la historia. Sin embargo decidí no utilizarlo, porque ese final hubiera cambiado la esencia del relato, habría desvirtuado a los personajes y ellos son lo importante.
Caminan hacia París, espero que disfrutéis del viaje con ellos.
Un día que se presentaba horrible lo fue un poco menos gracias a esta noticia: ¡He sido seleccionada para la antología Calabazas en el Trastero: Monstruos de cine!
No hace tanto que conté que me habían seleccionado para la convocatoria anterior, Calabazas en el Trastero: Peste. En aquella ocasión envié un relato que tenía escrito de hacía bastante tiempo, un relato que me gusta especialmente pero que no fue escrito para la convocatoria. En esta ocasion sí escribí un relato expresamente para esta convocatoria, se me ocurrió la idea a los pocos días de ver el tema: monstruos de cine, una idea que me parecía genial, que me encantaba, que tenía que escribir.
Lo que no tenía era tiempo, estaba metida en demasiadas cosas (como siempre) y como había mucho tiempo lo fui dejando. A mediados de diciembre me planteé que tenía que empezarlo de una vez o al final se me echaría el tiempo encima. Diciembre fue un mes horrible, en muchos sentidos, total y completamente horrible.Una de las primeras personas que leyeron este relato me dijo que no empatizaba cor los personajes, que era frío, que no era como yo solía escribir. En realidad esa sensación es buscada, porque creo que yo misma no quería sentir cuando escribí aquel primer borrador, era una historia lejana, distante, y no quería estar dentro de ella.
Al principio no me gustó el resultado. Me parecía que en mi cabeza la idea parecía ser mucho mejor que cómo había quedado sobre el papel. Lo reescribí, varias veces, le di mil vueltas sin que llegara a terminar de gustarme. A veces terminas un relato y sientes una gran satisfacción, como contaba en mi entrada anterior. Con este relato, quizás también por el estado de ánimo que tenía yo en aquella época, no me pasó eso, al contrario, sentía frustación porque sentía que no había expresado lo que quería.
Lo dejé un tiempo en el cajón, a finales de enero, ya con el plazo encima, lo volví a coger, lo volví a reescribir. Esta vez me gustó más. De "todo lo que hago es una mierda" pasé a "pues no está tan lejos de la idea que tenía" y decidí que podía pasar la prueba de fuego: las correcciones de mis amigos.
La respuesta que me dieron fue muy positiva y sus consejos muy buenos. Todos estaban seguros de que mi relato entraría en la selección: Rae entra seguro, me decian. Al principio no quería ilusionarme, porque a veces te ilusionas y te llevas el palo, y ni siquiera tiene que ser porque el relato sea malo, a veces hay relatos buenos que se quedan fuera porque no encajan bien con lo que están buscando; pero pensé que no importaba, que si me llevaba el palo ya lo mandaría a otro concurso. El resultado final me gustaba, le había cogido cariño al relato y a veces es bueno disfrutar de una ilusión, dure lo que dure. Y esta vez salió bien. :D
Y os preguntaréis por qué os he contado este rollo, pues porque el relato, en realidad, va de todo esto: De la relación de los autores con su obra, del proceso creativo, de las esperanzas, los miedos, las ilusiones. De los monstruos que dejamos, ocultos, en nuestras obras.
Espero que os guste cuando lo leáis.
Os dejo el comunicado con la selección.
Selección de Calabazas en el Trastero: Monstruos de cine
El equipo de la Biblioteca Fosca ha hecho pública la composición de la antología correspondiente a esta octava convocatoria abierta. De las ciento noventa y ocho obras recibidas a concurso, el jurado ha decidido seleccionar las siguientes para el libro:
Donde mueren los monstruos (Gema del Prado)
Canciones piratas (Luis González Moreiro)
El ángel mudo (Elena Montagud)
El ojo de los dioses (Juan Ángel Laguna Edroso)
Los extraños (Enrique Luque de Gregorio)
Rocks (Andrés Abel)
La xenomosca (Carlos López)
El pianista (Raelana Dsagan )
Alguien que me cuide y que me quiera (Ignacio Cid Hermoso)
El titular (Javier Lacomba Tamarit)
El informe (David Marugán Rodríguez)
El monstruo en la pantalla (Juan Carlos Colorado Fernández)
La última duda del Sr. M (Darío Vilas)
La antología llevará un prólogo cortesía de Nocte realizado por Elías Fosco y portada de Pedro Belushi.
Habitualmente, cuando escribo algo es porque me apetece hacerlo, a veces escribo relatos expresamente para concursos, o con algún tema determinado, pero siempre es porque me apetece. A veces salen bien y otras veces no tanto, a veces llego a enviarlos y otras veces no, pero siempre me pongo a escribirlos con entusiasmo.
Sin embargo, me ha pasado ya dos veces que me he puesto a escribir sin ganas, por compromiso.
La primera vez fue el año pasado, un amigo tenía mucha ilusión con un proyecto y yo quería ayudarle. Al principio dudaba mucho, le daba largas, después veía que la gente con la que contaba no participaba, se echaban atrás, yo no quería dejarle colgado también y me propuse escribir algo. Me costó mucho ese relato, se salía de lo que hago habitualmente, por género, por extensión, y lo escribí más por no decepcionarle que porque realmente me apeteciera. El resultado final me gustó, a mi amigo no tanto (¡qué le vamos a hacer! yo hice lo que pude), no llegué a entusiasmarme con ese relato pero no fue mala la experiencia.
Y este año me ha vuelto a pasar y por el mismo motivo: no dejar a la gente colgada.
Me apunté al proyecto (Per)versiones el año pasado, para su tercera antología. Aquello no me lo pensé, el tema era (Per)versionar un clásico metiendo a un monstruo. La oportunidad de poder hacer algo con "Los tres mosqueteros", un libro que adoro, no me la podía perder. Si no hubiera estado disponible ese libro quizás no hubiera participado, empecé a escribir el relato incluso antes de que se cerrara la convocatoria, incluso llegué a escribir un segundo relato, que luego fue publicado en la antología: Clásicos y zombis.
Para la cuarta antología de (Per)versiones en cambio me apunté por apuntarme, no tenía un tema pensado como había pasado con la antología anterior, quedaba mucho tiempo así que decidí que ya lo pensaría más adelante. Me metí en otros proyectos, no pensé nada. Lo cierto es que ningún tema me llamaba la atención, no me apetecía escribir.
Pensé en no participar, pero pasé por el foro y vi que mucha gente estaba dejando el proyecto. Me dio cosa y pensé que todavía tenía tiempo de hacer algo. No tenía que ser muy largo, tenía tiempo, podía intentarlo, hacer algo por cumplir... No tenía tema y entonces, un día, hablando con Erein, me sugirió uno.
Cogí ese tema sin tener ni idea de qué iba, el tema me era indiferente, sólo quería quitarme el relato de encima. Me apunté con él y empecé a investigar. Encontré mucha información. Tuve una idea. La esbocé y seguí buscando información. Retardaba el momento de ponerme a escribir porque la verdad es que no tenía ganas.
Y un día empecé a escribir. Y de pronto todo cambió. Los datos, muchos datos, se adaptaban al relato sin ningún problema, los personajes eran históricos, pero los veía en mi cabeza como si fueran míos. Escribí el primer borrador de un tirón, sin parar. No podía parar de tan metida como estaba en la historia. A cada letra que escribía el nivel de motivación aumentaba, de forma increible. Luego llegaron las reescrituras, cuatro he hecho, hasta que lo he dado por terminado, intentando encajar mejor los datos, puliendo la prosa. Deseando mostrar mucho más, pero ya me pasaba en 1200 palabras del máximo permitido. Pocas veces he terminado un relato sintiendome tan satisfecha de lo que he hecho. No sé si estará bien o mal, eso mis correctores me lo dirán y en realidad es lo de menos. Siento que he escrito un buen relato, no tengo dudas, me siento satisfecha, plena, como me pasa muy pocas veces al terminar algo. Y me da pena dejarlo, me gustaría seguir escribiendo, en este momento no dejo de pensar en detalles que podría ampliar, en personajes que apenas menciono que merecería la pena desarrollarlos. No me suele pasar eso cuando escribo, todo suele estar medido, cerrado, completo, digo lo que quiero decir y me olvido de esa historia para pasar a otra, con este no ha sido así, sigo metida en la historia, dándole vueltas, con un enorme subidón y muy motivada.
Y no tenía ganas de ponerme a escribir, si es que las cosas surgen cuando menos te lo esperas.
Hay relatos a los que se les guarda un cariño especial, relatos que en su momento disfruté mucho escribiendo y con los que sentía que había dado un paso adelante, que había hecho algo distinto a lo que había hecho hasta ese momento. Son relatos de los que me siento orgullosa. Hace poco recordé uno de esos viejos relatos, pensé que podría hacer algo con él, lo escribí hará unos cinco años y en su momento me parecía muy bueno, entonces, hace unos días, lo releí.
La relectura fue una gran decepción, ya no me parecía tan bueno. Le vi tantos fallos que de pronto no sabía por dónde empezar a retocarlo. No era sólo la prosa, que eso más o menos se puede arreglar, también encontré fallos en la estructura, una introducción demasiado larga, un final precipitado, el relato está descompensado tarda en arrancar y luego fluye demasiado rápido.
Por un lado esa relectura me ha ha hecho ver que he mejorado en estos cinco años, que entonces cometía fallos que ahora no comento, que no me daba cuenta de cosas en las que ahora sí me fijo; por otro lado me ha hecho descubrir que uno de mis relatos favoritos no es tan bueno como yo creía. Eso me ha pasado antes. No me gusta releer mis cuentos por eso. No me gusta releer nada de lo que hago, cuando lo doy por terminado me olvido y no lo miro más, porque si lo hago no puedo evitar seguir retocándolo.
Chirico
Y en este caso sentía que merecía la pena, que la base del relato era una buena idea y que podía retocarlo y mejorar el texto, pensé en intentarlo, pero el relato tal y como está tiene su sentido, es lo que yo era hace cinco años y reescribirlo entero sería como traicionar lo que quería hacer en ese momento. Algunas cosas perderían el sentido, aunque ese sentido sólo se lo vea yo, es curioso pero hay cosas que realmente he descubierto con la perspectiva que da el tiempo y que en su momento no me había dado cuenta de que las había metido en el relato.
Cada relato que escribimos es parte de nosotros, de lo que somos, de lo que hemos sido. Velázquez repintaba las patas de sus caballos, detalles, pero no el cuadro entero.
Si os preguntáis qué he hecho al final, lo he retocado. He sido incapaz de dejarlo como estaba. No he hecho grandes cambios, a pesar de las tentaciones de borrar párrafos enteros del principio para aligerarlo no lo he hecho, he retocado la prosa, algunos elementos que no me convencían. Los personajes no los he tocado, son lo más importante de ese relato. He intentado mejorar la prosa intentando que el relato siga siendo lo que yo era hace cinco años, aunque seguramente si lo hubiera reescrito ahora lo hubiera hecho de forma muy distinta.
Creo que hoy no lo hubiera escrito, porque hay cosas que han cambiado, yo no soy la misma.
Releer uno de tus viejos relatos es como mirarte en una fotografía antigua, te miras y no te terminas de reconocer del todo. Intentas recordarte, no siempre lo consigues. Me digo que esa era yo. Lo fui. Me define.
Nunca he tenido problemas en retocar, en reescribir, en rehacer relatos enteros. Si no estoy convencida no me importa darle mil vueltas. Y, sin embargo, en este caso estaba sintiendo que al retocar ese relato que creía perfecto me estaba traicionando a mí misma. Tal vez porque realmente era perfecto hace cinco años, aunque no lo sea ahora.
A veces es mejor no releer, y seguir recordando el relato perfecto.
El domingo nos levantamos pronto, amenizados por una serenata que se oía desde el balcón, el hostal tenía cocina, donde desayunamos, y también tenía un salón, donde nos acoplamos después de desayunar. El salón era una habitación más grande que el Entrelíneas y sin pilares en medio, con mucha luz y cómodos sillones. Allí hicimos la sesión de firmas, yo esperaba que no pidieran ninguna firma, pero no hubo suerte y Ana se traía mi Nanoedición: Demasiado Lejos (¡es más mona! ¿No la habéis impreso?) y Null también me sacó amenazante su ejemplar del Calabazas: Tijeras. No había forma de escaquearse así que estuve un rato pensando qué demonios poner, eso sí, con mucho cariño, y al final conseguí escribir un par de frases, que no es que sea gran cosa, pero creo que voy mejorando.
El resto de la gente firmaba como auténticos profesionales:
Entre firma y firma, me contaron las aventuras nocturnas de Manchi, algo de que se había emborrachado y había dejado extraños mensajes en el foro. Manchi lo negó todo con vehemencia y señaló a Viento acusadoramente y a Landy con gesto acusador mientras Null, esa chica con apariencia de angelito inocente, le pedía una firma para su Tijeras. Los chicos lo negaron todo y se encogieron de hombros y, cuando tuvo el libro firmado en su poder, Null admitió que no es tan angelito como parece y dejó las dotes detectivescas de Manchi por los suelos.
Después intenté dejar un mensaje en El Multiverso con el pc de Manchi, pero era muy complicado, al menos no lo rompí. También me metieron mucha prisa mientras escribía, porque habíamos quedado en algún sitio. Salimos del hostal y, como no nos apetecía meternos en la lata de sardi... digo, el ascensor, bajamos por las escaleras.
Las escaleras del hostal son más amplias que el ascensor, de vieja madera, marcados los escalones por la huella de muchos años de intenso tránsito pero perfectamente limpios, brillantes y encerados. Bajamos con cuidado, un escalón tras otro cuando, en un rellano, oigo un fuerte golpe a mi espalda, me vuelvo y veo a Invierno tirado en el suelo. No, no hay foto de eso :( No le pasó nada, tranquilos, fue solo el vil intento de las escaleras por acaparar el protagonismo.
En la calle hace un día espléndido, brilla el sol, hace calor. Decidimos no entrar en el metro, bautizado por mis compañeros como "El laberinto del Minotauro" y fuimos andando hasta el punto de encuentro mientras nos preguntábamos por qué no pillamos un día así el sábado. En el punto de encuentro nos reencontramos con Leo, Almu y el MAL y decidimos volver a desayunar. El MAL volvió a intentar llevarnos al café pijo donde sospechábamos que le daban comisión pero estaba lleno también y alguien propuso ir al McDonnalds donde ¡había sitio para todos! Nos sentamos allí, se estaba muy bien y empezamos a cotorrear sin parar. Hablamos de editoriales, de escritores, de libros, aproveché para autoinvitarme a casa de Erein para las fallas (^^) y nos reímos muchísimo aunque flotaba ya en el aire el aroma a despedida.
Fue ya el final, después de eso unos cuantos se tenían que ir ya para el aeropuerto a los otros nos quedaban apenas un par de horas, fue entonces cuando, antes del salir del McDonald, el MAL me dijo que no entrara al servicio allí, que lo hiciera en la Fnac... Yo, inocente de mí, le hice caso al MAL, en la puerta del McDonalds tuvimos la primera despedida emotiva y nos quedamos Erein, Landy, Invi, Scarlet, el MAL y yo, que nos fuimos a la Fnac.
Los servicios estaban arriba y, por supuesto, antes de ir había que pasar por todas las plantas y dar vueltas y vueltas, yo estaba ya desesperada cuando llegamos arriba, voy a entrar y... suena un pitido. Vuelvo a intentar entrar y... suena otro pitido, un guardia que hay allí me mira directamente y me acerco a él sin entender qué pasa. Saco mis libros y se los tiendo pero ninguno de ellos es lo que pita, se lleva mi bolso, tampoco pita, luego la mochila... Es la mochila lo que pita :( Empiezo a sacar cosas, pero el hombre se desespera y me dice que no, que entre y que luego a la salida ya me registrarán. Asiento y entro corriendo al baño ¡por fin! Cuando salgo Invi y Scarlett se han marchado ya, a toda prisa y sin poder despedirse, entonces descubro las maravillas del baño de la Fnac: un lababo fashion que no tiene forma de lavabo porque es cuadrado y plano y, sobre todo, un aparato para secarse las manos que es ¡superfashion! El mal rato antes de entrar ha merecido la pena. ¡Ah! Y al salir de la Fnac la mochila no pitó, aquello era solo una trampa para los incautos que suben al baño ¬¬
Quedábamos Landy, Erein el MAL y yo y nos fuimos a comer a un sitio que hacen pollo frito. Landy no sabía dónde se había metido, pues el nivel de cotorreo de las tres es bien grande, pero él mantuvo el tipo. Lo convencimos para que se presentara al calabazas. Terminamos la kdd muy optimistas respecto a esta convocatoria, ¡convencidos de que vamos a entrar todos nosotros y nuestros amigos!: Yo, Erein, Manchi, Null, Adri, Landy, Invi, Leo, Patapalo... (modo publicidad on: aprovecho para recordar que dentro de nada sale el Calabazas: Peste, donde han escogido a un montón de buenos autores y, además, también sale un relato mío. Tranquilos que es corto y además después de leerlo podréis collejearme por meterme con las escenas gore de Leo :p ). Hablamos también del Reto, del Teseo (recién convocado, ¡participad!), del proyecto (Per)Versiones, que no tenía tema y Erein me sugirió uno y bueno, de todos los concursos donde nos presentamos en general.
Después de la comida nos fuimos ya para el metro, donde nos despedimos de Landy y Xa y Erein y yo nos fuimos a la estación de autobuses, cotorreando sin parar. Llegamos con el tiempo justo y nos despedimos allí. Me subí al autobus. No tardó en arrancar, yo saqué Texturas del Miedo del bolso y lo abrí. Se me humedecían los ojos. Intenté leer pero estaba emocionada así que miré por la ventanilla, salíamos de la ciudad. Y entonces noté cómo una lágrima solitaria se escapaba del ojo izquierdo y resbalaba por la mejilla... (No es coña para aligerar el momento emotivo, realmente pasó así ). Estuve todo el viaje de regreso muy moñas, leyendo y recordando a partes iguales. El viaje transcurrió sin incidentes... bueno, ahora que recuerdo en la parada que hace a mitad de camino por poco me equivoco de autobus y vuelvo pa Madrid, pero me di cuenta a tiempo.
Ains!!! ¡Lo pasé genial, chicos! ¡Qué ganas de hacer otra kdd!!
Las fotos que acompañan esta entrada y las dos anteriores son de: Ana Morán, María Eijo, Diana Muñiz y Sergio Macías.
La presentación de Texturas del Miedo y Cuentos inhumanos.
Después de la entrega de camisetas ya parecíamos oficialmente una secta y nos fuimos todos hacia el Entrelíneas para ver la presentación. Vilar-Bou, que presentaba su libro junto a Leo debía estar pensando "en donde me he metido" o "quiero irme a mi casa", bueno, esto último y teniendo el cuenta los cuchicheos y el intercambio de folios que iban de un lado a otro, seguro que también lo estaba pensando Leo.
No tardamos en llegar, el Entrelíneas es un sitio bastante pequeño, lleno de estanterías con libros, algunas mesas y un enoooorme pilar justo en medio de la sala, nos sentamos rápidamente antes de que llegara más gente y nos quitara el sitio y allí ¡por fin!! me enteré de los malvados planes para sabote... digo, animar la presentación. Las chicas sacaron una batería de preguntas preparadas ya, mientras el MAL improvisaba alguna, sacaron folios en blanco ¿para qué? me preguntaba, pero la respuesta vino junto al rotulador verde de Erein. ¡¡Iban a hacer carteles!! ¿Carteles de apoyo? ¡¡Por supuesto!!
Pero el plato fuerte aún era más especial, se pasaron los folios unos a otros, todos motivadísimos, esperando el momento, después hubo dudas: que si antes de la presentación no, que si en medio tampoco, que si esperar a que no hubiera tanta gente, que si mejor en la puerta... pero ya hablaremos más adelante de eso.
La presentación corrió a cargo de Nachob, no sé si hay video de ella, pero fotos sí tenemos
Más o menos mi punto de vista, aunque la foto no es mía, la pared de la derecha es el pilar que comentaba antes. Están Nachob, Leo, Verónica Leonetti (la ilustradora de cuentos inhumanos) y Vilar-Bou al que no se le ve mucho.
El maestro de ceremonias
Otra foto de los autores
El público entregado:
Empiezan las preguntas incómodas
También hubo preguntas incómodas para Vilar-Bou
Siempre hemos sospechado la divinidad de Leo
Más o menos os podéis hacer una idea por las fotos, al principio Leo parecía un corderito camino al matadero que estaría pensando: "Yo os mato, os mato..." bueno, no, Leo pensaría: "Os destripo sobre una alfombra de motivos indios llena de hormigas y os vomito encima ¡Y sin calculadora!" (Ah ¿qué no habéis leído todavía "Texturas del miedo"? Pues ya tardáis :p) y Vilar-Bou parecía tranquilo pero seguro que se estaría preguntando si esa gente rara con las camisetas negras serían peligrosos.
La presentacion estuvo muy bien, era la hora de la siesta y me preocupaba quedarme dormida (recordad que tenía el penalizador de dormir en el autobus y estar dando vueltas desde las siete de la mañana, no es que suela dormirme en las presentaciones como algo habitual, aunque la verdad es que el que apaguen de pronto las luces tampoco es que ayude mucho), pero no fue así, resultó muy amena e interesante. Nachob presentó primero el libro de Vilar-Bou y después el de Leo, le hizo preguntas a los tres, después empezó una ronda de preguntas con el público entregado en el que no se intentó poner nerviosos a los autores ni hacerles preguntas incómodas, por supuesto, todo resultó muy distendido, como se puede ver en las fotos. Una cosa que me llamó la atención fueron los últimos relatos que cierran las dos antologías. En Texturas del miedo es "Basilio Figueroa", en Cuentos inhumanos "El laberinto de la araña". La cosa es que los autores hablaban de estos relatos como si fueran algo especial, no necesariamente los mejores pero sí los más personales de las antologías y me llamó la atención porque los dos libros parecen muy distintos y, sin embargo, el relato más personal en ambas está colocado en último lugar. No sé, me sonó como a que el autor quiere reafirmarse, que el lector se quede con la sensación de que le está diciendo: "Sí, este soy yo" al cerrar el libro. No lo pregunté, todo esto son divagaciones mías, pero es algo que me llamó la atención.
Después de la presentación me compré el libro de Leo, para que me lo firmara. El caso es que dudaba si comprarmelo o no, porque a mí el terror no me gusta (Sí, lector inocente, lo de que Basilio Figueroa es una novela rosa era sólo un intento deliberado de fastidiar a Leo) y Leo además mete algunas escenas... poco agradables, y yo soy muy aprensiva con ciertas cosas. Pero claro, también me sentía muy orgullosa de él y quería leerlo como habían hecho todos ¡¡Y que me lo dedicara!! Así que al final lo compré. El libro de Vilar-Bou no lo compré, no me llegaba el dinero para los dos :(
Para la presentación se nos unió Ni, cuando la vi recordé que me había dejado su libro (Ni, en serio, el microrrelato está muy de moda :p) en el hostal. A pesar de ser la fundadora del Biwi, enseguida se unió a los planes malvados del Nema y el MAL nos dejó escuchar la música que sonaría de fondo. Hablamos un rato mientras Erein investigaba donde estaba el servicio, me informó que era bajando unas estrechas escaleras y hacia allí me dirigí. Por el camino vi a Nachob, el maestro de ceremonias. Yo a Nachob lo conocía por internet desde hace un montón de años, cuando los dos pasábamos por Ociojoven, y tenía muchas ganas de conocerlo en persona y saludarle... pero no me atrevía. Primero dudé, pero luego me dije: "Tú eres tonta, pa'lante" y antes de que tuviera tiempo de arrepentirme me presenté (con Solharis no me atreví, que dos ya era mucho y también porque no estaba segura de quien era. ¡Lo siento, Solharis! :( A ver si la próxima). Nachob es tan majo en persona como por internet y estuvimos hablando un rato y discutiendo con Leo y Vilar-Bou sobre métodos de escritura. A Vilar-Bou tampoco me atreví a decirle que yo era la loca que lo había asaltado por el FB preguntándole: "¿porqué qué me has agregado?" Que no iba con mala intención, era por si lo conocía de antes y no me acordaba...
Una de las cosas que me he dado cuenta con esta kdd es que tengo que tener una fama de borde y gruñona por internet impresionante, vamos, que el apodo que me han puesto de Raetenmeyer iba justificado. Posteo intentando ser diplomática: "¡Ahi va, lo que ha dicho!" "¿Yo? ¿Qué? Si he sido diplomática..." (Era diplomacia, de verdad). Luego intento animar a Viento y lo que hago es acojonarle :s Y no es mi intención, pero me sale así :s Durante el trayecto de vuelta me emparanoyé pensando que a lo mejor os presiono demasiado y que debo ser muy pesada... pero bueno, de las paranoyas del trayecto de vuelta ya hablo más adelante.
Caballero me dijo que era su correctora favorita ¡Es más lindo! Ana en cambio no dejaba de meterse con mi atracción hacia los personajes calzonazos o psicópatas, como si solo me gustaran los personajes así, y no, también me gustan los personajes normales, algunos, unos pocos...
Nos echaron del Entrelíneas, momento de confusión. ¿Dónde está Leo? ¿Dónde está el comando Nema? Lo hacemos fuera. Fuera llueve. Falta gente. ¿Dónde vamos ahora? Bueno, luego. Va, al final no lo hacéis. ¡Que sí, ya verás!
Salimos hacia una cervecería que no estaba muy lejos, allí Melkor tenía contactos y nos hizo bajar por unas amplias escaleras hasta un sótano mucho más grande que el Entrelíneas y sin pilares en medio. Allí Melkor puso música mientras los compinchados se miraban unos a otros. Fue el MAL quien vio la oportunidad y rápidamente se acercó al armario del que salía la música y se apropió de él, las primeras notas comenzaron a sonar. Llamaron a Leo, que no sabía bien qué estaba pasando y puso cara de cervatillo asustado.
¿Esto es por mi?
Citando a Erein:
Texturas del miedo = 14 euros pizzas = 8 euros La cara de Leo mientars le cantábamos, no tiene precio
Después del momento cumbre de la noche, la gente se desperdigó un poco, algunos se fueron al hostal a dejar las maletas, otros buscaban un cajero, se hablo de ir a cenar, o de pedir pizzas y que nos las trajeran allí, seguía lloviendo. Al final la opción que ganó fue la de no movernos mucho y quedarnos allí., mientras esperabamos las pizzas el MAL nos estuvo contando cotilleos de Johnny Depp y alguien a quien yo no conocía pero que desde luego era algo traumático. También se habló de pijamas de terciopelo azul y temas variados, lo normal entre escritores. La gente que se había marchado regresó y la llegada de las pizzas fue celebrada por todos.
Las pizzas fueron todo un éxito
Yo estaba cansada, muy cansada. Si es que estoy yo ya muy vieja para estos trotes. La gente propuso entonces irnos al hostal aunque no era demasiado tarde. Nos despedimos de los madrileños y para allá nos fuimos, el plan era sentarse en el salón a charlar un rato, que no habíamos apenas hablado (ejem) durante todo el día, pero no sé porqué no lo hicimos. Lo que pasó fue que se metieron todos en una habitación a cotillear y... no sé qué pasó porque yo estaba tan cansada que me acosté. Sí, todos se extrañaron de que me perdiera la sesión de cotilleo pero me quedé dormida en seguida y no me enteré de cuando la gente entraba o salía de la habitación, ni de la serenata que estaban dando fuera, creo que entre sueños sí oí el golpe que se dio Bry al bajarse de la litera, pero todo está confuso. Al día siguiente me contaron lo que había pasado, por lo visto Manchi se había emborrachado y Null, que hasta entonces tenía fama de buena, aprovechó para cogerle el ordenador y ponerse a hackear. Naturalmente, Manchi lo negó todo y Null intentó convencernos de que ella es buena... pero eso mejor lo cuento en la tercera parte.
Cool Cats
Añado la letra de la canción, a petición de Moisés.
Quiero ser comercial
Oh oh oh oh ohhhh oh oh oh oh oh oh oh ohhh
Quiero ser comercial…
Va, va biwi va
Critícame ya,
Va, va biwi, va. critica pero ya
No quiero premios, pero sí triunfar.
Yo lo que quiero es por fin publicar.
Y ganar más…
Ya, ya , ya
Y ganar más…
Por fin publicar
No quiero un nobel, tampoco un Nadal.
Yo lo que quiero es fardar y fardar.
Ser comercial…
Ya, ya, ya
Ser comercial…
Yo tengo un libro, tú quieres leerlo, sabes que quieres.. leerlo
Tengo un bombón,
que enseña abdominal,
Sexo y amor,
Es muy original
El chico guapo
siempre gana al final
y el malo ríe con un
Muajajá
Oh oh oh oh ohhhh oh oh oh oh oh oh oh ohhh
Quiero ser comercial
Oh oh oh oh ohhhh oh oh oh oh oh oh oh ohhh
Quiero ser comercial…
Va, va biwi va
Critícame ya,
Va, va biwi, va. critica pero ya
De ganar premios no se vive mal
Pero la Meyer no ha ganao nunca nah
Y mírala ¡AH AH AH TÚ MÍRALA!
Como psicópatas buscamos triunfar
Y nuestro arte nunca entendido está
Ya llegará… Ah ah ah ya llegará.
Yo tengo un libro, tú quieres leerlo, sabes que quieres.. leerlo